El Magnificat de Ana
 
 
“Dejen de hablar con tanto orgullo y altivez, ¡No profieran palabras soberbias!.
El Señor es un Dios que todo lo sabe, y él es quien juzga las acciones.
El arco de los poderosos se quiebra, pero los débiles recobran las fuerzas.
Los que antes tenían comida de sobra se venden por un pedazo de pan, los que antes sufrían hambre ahora viven saciados.
La estéril ha dado a luz siete veces, pero la que tenía muchos hijos languidece.
Del Señor vienen la muerte y la vida; él nos hace bajar al sepulcro, pero también nos levanta. El Señor da la riqueza y la pobreza; humilla, pero también enaltece.
El guiará los pasos de sus fieles, pero los malvados se perderán entre las sombras.
¡Nadie triunfa por sus propias fuerzas!
I Samuel 2:3-9.
 
Penina se consideraba rival de Ana.
 
-“Mi enemiga vencida”-
 
Seguramente pensaba, no perdía ocasión para mirar con desprecio a su rival gratuita; se consideraba ganadora y eso la inducía a provocar humillación a su contendora.
¡Cómo le placía hacer sufrir a la estéril Ana! La debilidad de ella era su fortaleza por eso buscaba atormentarla más para sentirse más poderosa.
 
-“La convertiré en una mujer resentida, eso la matará”-
 
Penina planificaba sus golpes bajos con maldad.
 
“El resentimiento mata a los necios; la envidia mata a los insensatos, el resentido echa raíces, su casa será maldecida” Job 5:2-3.
 
De la misma manera que Eva fue usada por el seductor para hacer caer a su esposo, así como la mujer de Job sería manejada para provocar que Job maldijera, de igual forma Penina tenía el encargo demoníaco de provocar que Ana fuese una resentida.
Casi lo había logrado, se podía pensar que el seductor ganó, le hizo creer a Penina que había ganado, por eso el orgullo de la victoria endurecía cada vez más su corazón.
¿Te has sentido humillada alguna vez por un enemigo gratuito?
¿Has llorado, te has sentido débil ante su poder?
¿Le has preguntado al Señor por qué permite que el burlador haga saña de tu humillación?
¿Has caído en el quebranto del vencido y resentido?
 
“Los de corazón impío abrigan resentimiento; no piden ayuda aún cuando Dios los castigue, mueren en la flor de la vida” Job 36: 13-14.
 
Mi amada creyente, escucha tú hijo que sufre, Dios te librará de la aflicción, él quiere consolarte, si estás cogido de lals fauces del resentimiento, si sus dientes te han atrapado, El te librará con compasión, él limpiará tu herida y sanará tu corazón.
Ana fue librada del resentimiento, se levantó de su humillación, en el momento que oraba sintió que su Liberador le quitaba la trampa de sus pies, por eso al levantarse de su postración su rostro cambió, el milagro de su liberación había ocurrido en un instante, el Señor que todo lo sabe había actuado a su favor.
Aquella acusadora, la que se sentía victoriosa no haría más burla de su Hacedor, ahora Ana se sentía más fuerte, recobró la fe.
 
“El Señor humilla, pero también enaltece. Levanta del polvo al desvalido y saca del basurero al pobre” I Samuel 2:7-8.
 
La oración de Ana es un cántico de alabanza y acción de gracias al Señor. Me gusta pensar que es la oración de aquel que ha sido librado de la trampa del resentimiento.
A esta oración se le ha llamado el “Magnificat del Antiguo Testamento” por ser similar al canto de Maria (Lucas 1:46-55) y al Benedictus o cántico de Zacarías (Lucas 1:67-79). La fuente suprema de la alegría de Ana no era el gozo por el hijo dado, no era la risa de la revancha por ver a su enemiga derrotada, tampoco era la risa de gloria del vencedor orgulloso, su canto alaba al Señor Todopoderoso, la Roca, la Fuente infalible, el Libertador ¡No hay nadie como él!.
Ana ya no estaba resentida, su nombre significaba Gracia o favor, por mucho tiempo no pudo lucir su nombre, la vergüenza le había quitado esta gracia y amor.
Pero ahora el Señor le había quitado el oprobio y su cántico sigue resonando a pesar de los siglos transcurridos porque es un canto de liberación.
Ven vamos a cantarlo juntos, démosle gloria al Señor Todopoderoso, él te librará de la trampa del resentimiento cuando decidas cantarle con gozo, El desde los cielos escuchará tu oración.
 
“Miró el Señor desde su Altísimo santuario; para oír los lamentos de los cautivos y liberar a los condenados a muerte; El Señor es clemente y compasivo, lento para la ira y grande en amor”
 
 
Dios te bendiga
Martha V. de Bardales.

           Martha V. de Bardales

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