La Verdadera Hombría Según La Biblia

Recuerda el dicho: Es difícil hallar a un hombre bueno. Nuestra cultura clama por hombres verdaderos que valoren a las mujeres, que crean en el liderazgo, hombres que amen a sus esposas y que críen a sus hijos como Dios desea.

Pero hay un problema: muchos de nosotros los hombres que asistimos a la iglesia somos tan insensibles, tan adictos a vicios y a conductas, y con tendencia a descuidar a nuestras familias, como los otros hombres del mundo. ¿No debiera haber una diferencia notable entre los hombres que han sometido sus vidas a Jesús, y los que no? Lamentablemente, la evidencia no es obvia. ¿Por qué razón?

Como dice Proverbios 29:18 (NVI): Donde no hay visión, el pueblo se extravía.

Cuando a nosotros los hombres nos falta propósito, estamos perdidos y nos volvemos ineficaces. Tanto el mundo como la iglesia están llenos de hombres que no han comprendido el propósito que Dios les ha dado. Por tanto, somos más débiles, menos centrados, y tenemos menos entusiasmo por las cosas de la vida. O no hemos buscado el plan que Dios tiene para nuestras vidas, o sabemos lo que tenemos que ser, pero no hemos cooperado. No estamos amando a nuestras esposas ni liderando a nuestros hijos como deberíamos hacerlo.

VIVIR EL PACTO

Aunque yo había estado casado por poco tiempo, tenía una cosa por segura: ¡Necesitaba a mi esposa! Esto se remonta a lo que Dios tuvo siempre en mente: Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza… Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó (Génesis 1:26, 27).

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo quisieron hacernos a Su imagen, y la imagen de Dios es el todo de la relación (Juan 5:19).

Antes de hablar de hombría, tenemos que ver cuál fue el plan original de Dios. Él nos creó varón y hembra, como un reflejo de Su imagen. Juntos, nos parecemos a nuestro Creador. Pero nosotros los hombres tenemos, por lo general, muchas deficiencias. A veces, somos contenciosos, somos malos decoradores, y muchas veces no discernimos lo que sucede debajo de la superficie de las cosas (¡perdonen la generalización!).

La realidad es que los hombres, por sí solos, son una imagen incompleta de Dios. Pero cuando los hombres y las mujeres viven en unidad bíblica, brillan con el reflejo del rostro de Dios como ninguna otra creación en el universo. Dios inventó el matrimonio para que fuera una expresión de Su supremo deseo para nosotros: una relación de pacto íntimo.

¡Cuando vivimos juntos como Dios lo planeó, somos bendecidos con un pedacito de lo que la Trinidad ha experimentado siempre! Es un maravilloso anticipo de lo que experimentaremos en el cielo.

LOS ESPOSOS COMO AMANTES

Efesios 5:25-28 (NVI) nos da la norma: Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella para hacerla santa. Él la purificó, lavándola con agua mediante la palabra, para presentársela a sí mismo como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable. Así mismo el esposo debe amar a su esposa como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa se ama a sí mismo.

Esto suena fácil, ¿verdad? ¡Falso! Éste es uno de los retos más amedrentadores para un hombre. Dios dice: Ama a tu esposa como yo te amo a ti.

Nosotros ya sabemos que vamos a fallar. Sin embargo, aunque sería fácil renunciar aun antes de intentarlo, debemos mirar lo que Dios nos está diciendo. Él no nos diría que hagamos algo a menos que también nos capacite para vencer por medio del poder del Espíritu Santo. Nosotros simplemente tenemos que aceptar el desafío y disponernos a aprender.

¿Cómo amó Jesús a la iglesia? ¿Qué podemos aprender de Él?

Para comenzar, fue accesible a ella. Caballeros: tenemos que ser accesibles a nuestras esposas. No sólo físicamente, sino también emocionalmente. Frecuentemente cometemos el error de creer que nuestro rol principal es proveer el dinero. Pero usted puede tener un salario muy alto y ser un fracaso como esposo. Si no está presente de una manera tal que su esposa sienta que la ama de verdad, entonces tiene que hacer algo. Tenemos que tomar el tiempo necesario para apoyar, escuchar y conversar, es decir, hacernos accesibles como Jesús durante todo Su ministerio en la tierra, y como lo sigue haciendo con nosotros hoy.

El Señor fue también un ejemplo de amor abnegado. El suyo no fue un amor que pedía; fue un amor que daba. A veces, nosotros creemos que la vida se reduce sólo a nosotros. Trabajamos duro, proveemos para nuestras familias, y en medio de todo eso perdemos de vista a la otra persona esencial a nuestra existencia. Nuestras esposas también trabajan, ya sea fuera o dentro de la casa, pero muchas veces las dejamos solas y con la carga adicional de cuidar y mantener el hogar.

Son muchos los maridos que no toman esto en consideración como debieran. Sin embargo, si no procuramos servir dándoles una mano con abnegación, desvalorizamos a nuestras esposas. Ya es hora de que usted dé un paso al frente y la ame, no sólo con palabras, sino con hechos.

¿Usted dice que la ama? Demuéstrelo lavando los platos y acostando a los niños. Identificando las cosas que menos le gustan a su esposa, y hágalas, para mostrarle por medio de sus acciones que la ama y que se siente honrado por ser su esposo. Jesús fue un líder que servía, y nosotros debemos seguir Su ejemplo.

Hay una característica más del amor de Jesús, que debemos imitar: Su amor embellece. Usted pudiera utilizar la frase amor eficaz, porque ennoblece y transforma al ser amado. Caballeros: no lo hemos hecho muy bien en esta área. Nuestro fracaso es evidente por la cantidad de divorcios, que es la misma dentro y fuera de la iglesia. Los hombres cristianos cambian de esposa con tanta frecuencia como sus contrapartes mundanas.

Consideran como una excusa aceptable el que ya no aman a sus esposas, o que las encuentran menos hermosas e interesantes que otras mujeres. Esta triste verdad prueba que no estamos amando a nuestras esposas como Jesús ama a la iglesia.

Si amamos a nuestras esposas eficazmente, ellas se volverán más encantadoras con el paso de los años. Si usted ha estado casado por cincuenta o más años, su esposa debe ser la mujer más cautivante del mundo. Piense en ello: cincuenta años de amor y de una aventura compartida; cincuenta años de inversión, de la clase de inversión que hacen que el atractivo y el encanto de ella aumenten.

No hay modo de evitar la realidad de que Jesús nos ama de esta manera, y de que Él nos llama a amar a nuestras esposas del mismo modo. Usted nunca debe cansarse de su esposa, no si la está amando con un amor semejante al de Cristo. Proverbios 5:19 dice de ella: Como cierva amada y graciosa gacela, sus caricias te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre.

Siempre significa aún años después del matrimonio, aun cuando usted ya esté viejo y con canas. Si la ama como debe, ella será más que una mujer bonita; será profundamente hermosa, por dentro y por fuera.

LOS ESPOSOS COMO LÍDERES

Porque el esposo es cabeza de la esposa, como Cristo es cabeza de la iglesia. Cristo es también el Salvador de la iglesia (Efesios 5:23, La Biblia al Día).

Por supuesto, es importante la provisión económica de la familia, pero usted también debe liderarla espiritualmente. Los hombres tienen la tendencia a sentirse más cómodos cuando son ellos los que dirigen, y las mujeres se sienten más libres cuando no tienen la presión del liderazgo. Para ser un líder espiritual, nosotros los hombres debemos preguntarnos:

¿Quién soy, y a dónde voy?

Tenemos que estar conscientes de que nuestra misión en la vida no se logra con agallas y sabiduría terrenal; nuestro propósito sólo se puede lograr por medio del sometimiento a Jesús.

Tenemos que ser los iniciadores del diálogo espiritual en nuestros hogares, y ser quiénes nos aseguremos de que se ore y de que se realicen los tiempos devocionales. Son muchos los hombres que piensan que sus esposas están mejor equipadas para esta tarea, y ceden su rol.

Si usted es esposo y padre, es entonces a quién el Señor ha escogido para liderar su familia. Pero no podrá asumir el mando, si está languideciendo en un desierto espiritual. Haga del andar en una fe vibrante la prioridad número uno de su lista de cosas por hacer, más importante aún que ganar mucho dinero.

Haga un tiempo especial para la oración, como si la vida de los miembros de su familia dependiera de ello, porque así es en realidad. Lea su Biblia con regularidad, estudiándola personalmente y con otros, para que pueda guiar a su familia con confianza.

Las familias tienen desesperadamente necesidad de hombres bien valientes que hablen convincentemente de problemas serios con su esposa y sus hijos, aun a riesgo de sentir vergüenza delante de otros hombres. Dios no le está pidiendo a usted que tenga todas las respuestas de la Biblia, sino invitándolo a ser auténtico, honesto y vulnerable con sus seres amados.

Estas cualidades no se desarrollan de la noche a la mañana, y por eso debemos proponernos hacer las cosas si esperamos ser el tipo de líder que nuestra familia necesita realmente.

Podemos empezar haciendo un inventario de nuestra vida y de nuestro corazón, y luego desarrollar una mentalidad de gratitud por nuestras esposas y por nuestros hijos, preciosas bendiciones escogidas cuidadosamente por Dios para enriquecer nuestras vidas.

Ore pidiendo Su dirección. El Espíritu Santo abrirá sus ojos a las cosas que nuestro amoroso Dios le ha dado, y Él lo capacitará para que se dedique a su familia.

Cuando amamos a nuestras esposas con el amor de Cristo, le permitimos al Señor convertirnos en los auténticos hombres que Él quiere que seamos.

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