Una decisión del corazón
La vida cristiana es, caminar obedientemente con Dios. La obediencia es tan importante para el Señor, que Jesús insistió en modelarla durante toda Su vida en la tierra. No hago nada por mi propia cuenta, sino que hablo conforme a lo que el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo; no me ha dejado solo, porque siempre hago lo que le agrada (Juan 8:28, 29 NVI).
El Señor no quiere salvarnos simplemente; desea vivir dentro de nosotros para mostrar al mundo quién es Él. Dios envió Su Espíritu para fortalecer e inspirar nuestras vidas, y también para investirnos de poder para las tareas que Él nos ha dado. Nosotros no podemos triunfar solos, pero el Espíritu Santo que vive en nosotros nos capacita para obedecer por medio del mismo poder que levantó a Jesús de los muertos (Romanos 8:11).
¿Se inclina a la gratificación propia del yo o a la obediencia a Diosí La Biblia nos muestra a muchos héroes de la fe que no fueron siempre totalmente obedientes, como Moisés, Sara, Pedro o David. Pero Dios sabía que David era un hombre conforme a Su corazón, y nosotros también oímos el clamor de su corazón en las palabras que escribió: ?Como el ciervo clama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía?(Salmo 42:1). ¿Hay en su corazón el anhelo de obedecer a Dios sobre todas las cosas, en todas las decisiones que hace? Si es así, puede tener la seguridad de que Él le mostrará el camino.