Las Grandes Y Pequeñas Victorias

“Y el Señor dio la victoria a David por dondequiera que fue” (2 Samuel 8:6).

Dos hombres, uno muy grande y fuerte y el otro bien pequeño, estaban caminando bajo el sol en un descampado. El hombre pequeño dijo al otro: “Hombre grande, ¿sabes lo que yo haría si fuese tan grande como tu?” “No,” contestó el hombre grande, “¿Qué tu harías, hombre pequeño, si fueses tan grande cuánto yo soy?” “Bien,” continuó el hombre pequeño, “yo iría directo para el bosque donde están los osos y cazaría el mayor, más hostil y más violento de todos. Yo lo cogería y desgarraría en pedazos solo para mostrar a Él que hombre yo soy.” El hombre grande, con mucha tranquilidad, dijo al pequeño: “Existen muchos osos pequeños en el bosque y yo no te veo a ti yendo allá para desgarrar a cualquiera de ellos en pedazos.” Muchos viven soñando en hacer grandes cosas pero fallan en hacer las pequeñas.

Grandes realizaciones, éxito, notoriedad, reconocimiento por grandes conquistas, son pensamientos que invaden nuestra mente en un desafío constante a ser vencido. Nos contentamos apenas en alcanzar metas, pero ansiamos ser los mejores y los más aplaudidos.

Luchamos desesperadamente para conseguir aquél empleo que dejará a los amigos “muriendo de envidia.” Nos esforzamos para comprar el coche que nadie en la vecindad posee. No aceptamos colocar nuestros hijos en aquella escuela donde los más humildes también estudian. Al final, pensamos nosotros, es necesario que todos sepan quien es el mejor en este lugar.

Los sueños de grandeza, casi siempre, alejan el hombre de Dios. Él se separa en su egoísmo y vanidad y acaba frustrado en sus fracasos. Quiere hacer cosas grandiosas y, normalmente, no hace cosa alguna. Acaba desempleado, sin amigos y, quien más sufre es la familia que podría vivir muy bien si Él si preocupase en hacer todo aquello que está a su alcance.

Una persona verdaderamente grande es aquella que se deja llevar por la mano del Señor y está feliz con todo cuanto Él le concede. Si la victoria es grande, ella se regocija. Si la victoria es pequeña, su corazón se llena de júbilo. Ella sabe que, pequeñas o grandes, son verdaderas victorias.

Paulo Barbosa