LA ESPERANZA: EL ANCLA DEL ALMA

Muchas personas en este mundo, tal vez incluso usted mismo, están enfrentando tormentas terribles en sus vidas. Hogares deshechos, desempleo, soledad, desgracias, crisis mundiales… estas cosas atacan la esencia misma de nuestra esperanza en Cristo. Pareciera como que estamos perdidos, a la deriva en el mar y en un pequeño bote durante una tormenta tempestuosa. ¿Cómo llegar seguros a la costa?
Los discípulos enfrentaron también este temor. Mientras atravesaban un lago en su pequeña embarcación, el tiempo se volvió amenazador, poniendo en peligro la embarcación y, como suponían los hombres, sus propias vidas. Desesperados, acudieron a Jesús por ayuda, ¡pero lo encontraron durmiendo! ¡Señor, sálvanos, que perecemos! (Mateo 8:25).
Cuando Jesús despertó, los reprendió por su falta de fe, y luego procedió a calmar la tormenta. Así, Jesús demostró Su asombroso poder, mostrándose como el Señor sobre toda la creación. Fue también una clara lección en cuanto a quién debemos acudir cuando se levanten tormentas en nuestra vida.
A veces, la gente interpreta lo que nos sucede en la vida como si Dios no estuviera prestando atención. Eso pensaban los discípulos, hasta que Cristo se levantó para calmar las aguas turbulentas. Lo que nosotros, también, debemos entender es que aun cuando el mundo parezca estar fuera de control, Jesús sigue siendo el Señor de todo.
Entonces, ¿qué debe hacer cuando piense que Jesús está dormido? La respuesta es sencilla: Dé gracias a Dios que Él está en la barca con usted.

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