Encuentros

No hay hombre que no peque.
1 Reyes 8:46.

Estabais muertos en vuestros delitos y pecados.
Efesios 2:1.

Cuando se reparten folletos con la Buena Nueva, uno ve las más variadas reacciones. Cierta vez me dirigí directamente a una transeúnte, diciéndole: ?¿Puedo ofrecerle un escrito del Evangelio? ?No, gracias, me contestó. ?Eso no es para mí, no soy tan creyente. La joven ya iba a alejarse cuando la detuve y le dije: ?No distribuyo estos textos para creyentes, sino precisamente para los que no lo son? ¡como usted! Me miró perpleja y finalmente aceptó: ¿Entonces deme esa hoja, la leeré.

Un policía a quien ofrecí un folleto me dijo: ?Esto no me interesa, soy un ateo muy creyente. Pensaba hacer una broma, pero sin saberlo, dijo la verdad. Porque para ser ateo, hace falta credulidad.

Honrados ciudadanos con o sin «capa de pintura religiosa», ateos o un poco religiosos, ?no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios? (Romanos 3:22-23). Todos los seres humanos se hallan bajo el juicio de Dios, quien dice: ?No hay justo, ni aun uno?. Todos necesitan la gracia salvadora, y ésta vino al mundo hace más de dos mil años en la persona de Jesucristo, quien dijo: ?Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos?. Es normal que una persona enferma vaya al médico. Quien sufre de una mala conciencia puede dirigirse al gran Médico del alma, el que no ha ?venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento? (Lucas 5:31-32). Su sangre derramada en la cruz limpia de todo pecado.