El Rey Exaltado 

«Mas el que me oyere, habitará confiadamente Y vivirá tranquilo, sin temor del mal» (Proverbios 1:33).

Cuando la reina Vitória ascendió al trono, fue, como de costumbre de la realeza, oír la presentación de «El Messias.» Ella había sido instruida sobre como debía portarse y que no debía se levantar cuando los demás presentes se levantasen al ser cantado el «Coro Aleluya.» Cuando aquél coro magnífico estaba siendo entonado y los cantores estaban entonando «¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya! pues el Señor Omnipotente reina,» ella se mantuvo sentada con gran dificultad.

Tuvo grande deseo de levantarse, a pesar de las costumbres de los reyes y reinas. Sin embargo, cuando los cantores llegaron aparte en la que proclaman con grande entusiasmo «Rey de los reyes» ella se levantó y mantuvo su cabeza curvada como si tomase su propia corona y la depositase a los pies del Señor.

Ésa debe ser, también, nuestra actitud diaria. Hacerlo de nuestro Rey y Señor y ofrecerle nuestro amor y lealtad. Éste es el secreto para una vida de paz y colmada de victorias.

Hay, en general, en nuestro corazón, un deseo de alcanzar grandes glorias y conquistas para nosotros, así, nos tornanos más importantes y, consecuentemente, más felices. Creemos que la valorización personal es fundamental para que alcancemos nuestros sueños y no medimos esfuerzos en la busca de eses objetivos.

En la realidad, hasta podemos alcanzar la dicha a través de las conquistas personales, pero éste es el camino más largo.

Cuando aprendemos a glorificar a Dios y nos sometemos a su dirección y atenciones, somos acarreados por Sus brazos
Fuertes y bendecidos y nuestras metas son alcanzadas de manera  más rápida y verdadera. Descansando en el Señor podemos llegar más lejos y con mucha más seguridad.

Exalte al Rey… lo deje reinar en su corazón y su victoria será total.

Paulo Barbosa
Un ciego en el Internet

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