(Jesús dijo:) Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre. Juan 16:28.


El Hijo eterno

 

El Señor Jesús es el eterno Hijo de Dios; es Dios Hijo, ?Diosí manifestado en carne? (1 Timoteo 3:16). Por eso podía decir de sí mismo a sus discípulos: ?Salí del Padre?. En aquel momento, vivía como hombre en esta tierra, sin dejar su divinidad como Hijo eterno.

Cristo vino a un ambiente que le era hostil. Está escrito: ¿En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron? (Juan 1:10-11). Nuestro Señor no encajaba moralmente con los que lo rodeaban, todos ellos pecadores. Sin embargo, justamente a ellos vino a salvar: ?Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadoresí (1 Timoteo 1:15).

?Otra vez dejo el mundo, y voy al Padre?. El Señor se fue del mundo como alguien que no era deseado, que fue odiado y finalmente crucificado, por ende echado fuera. Pero él volvió al Padre sólo después de haber cumplido la voluntad divina; llevó a cabo la obra de la salvación a favor de seres perdidos y para la gloria de Dios.

Nuestro Salvador, el Hijo de Dios, era el enviado del Padre. Vino para revelarlo y defender sus intereses. Durante toda su vida permaneció como un extranjero en su propia tierra.

Nosotros que somos suyos, ahora podemos seguir sus pisadas y vivir aquí en la tierra como extranjeros y al mismo tiempo como ciudadanos del cielo que se dirigen hacia la casa del Padre.

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