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He aquí Dios es salvación mía;
me aseguraré y no temeré;
porque mi fortaleza y mi canción es (él)?
Sacaréis con gozo aguas de las fuentes de la salvación.

Isaías 12:2-3.

?El mundo no era digno? de ellos (Hebreos 11:38)

       Uno puede asombrarse al observar cómo Dios permite que termine la vida terrenal de algunos de sus siervos. Moisés murió solo en una montaña; a Juan el Bautista le cortaron la cabeza en una prisión por capricho de una mala mujer. Esteban fue lapidado. El apóstol Pablo acabó su vida en una prisión en Roma. Según la expresión bíblica, estos hombres habían ?acabado la carrera? (Hechos 13:25; 2 Timoteo 4:7).

       Uno hubiese deseado ver al gran apóstol terminar su vida apaciblemente en el hogar de un amigo, en compañía de quienes habían trabajado con él. Pero Dios había tomado otra decisión. Debía acabar sus días solo, aguardando su ejecución, probablemente en la siniestra prisión Mamertina, sombría mazmorra que aún se puede visitar. Esa brillante luz debió apagarse en la oscuridad de un calabozo. Pero allí se encontraba alguien aún más cercano a él que el soldado romano que lo custodiaba: ?el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas? (2 Timoteo 4:17). ¿Podía desear mejor compañero?

       Desde el fondo de su prisión, en la que pasó más de cuatro años, Pablo escribió a los filipenses y los exhortó a regocijarse, no en las circunstancias sino en el Señor (4:4).

       Nosotros también podemos regocijarnos: tenemos paz con Dios, nuestra comunión es ?con el Padre, y con su Hijo Jesucristo?, y vamos caminando hacia la gloria.

  • El devocional diario, es editado por: "La Buena Semilla" 1166 Perroy (Suiza) © Copyright: Todos los derechos reservados.
  • El texto enviado hoy es el del día correspondiente del año pasado.
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    Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma. – Tercera carta de Juan versículo 2.

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