ESTUDIO BIBLICO: ¿Cómo puede permitir un Dios amante quealgunas de sus criaturas sean destinadas al castigo eterno?

Interesante consulta. La Biblia jamás declara que Dios destina al castigo eterno a alguna de sus criaturas. El ideal de Dios es que sus criaturas ejerzan dominio sobre todo lo que Dios creó y que de esa manera encuentren gozo y felicidad.

Eso es lo que Dios siempre quiso. Además, Dios no creó a sus criaturas como una especie de robots o máquinas, para que simplemente hagan lo que Dios quiere que hagan.

La Biblia es clara al mostrar que Dios dio a Adán y Eva, los primeros seres humanos que Él creó, la libertad de escoger entre el bien y el mal. Desgraciadamente, el hombre, en libre uso de su capacidad para escoger entre el bien y el mal, escogió el mal.

Pero aún así, Dios no abandonó a sus criaturas a la irremediable consecuencia de sus malas decisiones, sino que puso en vigor un plan diseñado de antemano, por el cual sus criaturas puedan librarse de las consecuencias de las malas decisiones que toma.

Por eso fue que Dios envió? a su Hijo al mundo para que muera en lugar de sus criaturas que habían pecado.

Lo único que tenían que hacer sus criaturas para librarse de la consecuencia de su pecado era creer en Cristo y recibirle como Salvador.

Los pecadores que reciben a Cristo como Salvador reciben vida eterna y quedan libres de la condenación eterna por su pecado.

Pero aquí es donde ocurre lo inexplicable. Millones de pecadores, rechazan la única manera de librarse de las consecuencias de sus malas decisiones, o en otras palabras, rechazan al Hijo de Dios como su Salvador, y de esa manera desprecian todo lo que el Hijo de Dios hizo por ellos al morir en la cruz.

Por ser un Dios amante, Él estableció el mecanismo o la manera para que el hombre pueda librarse de la consecuencia de sus malas decisiones, pero si el hombre rechaza lo que Dios ha diseñado, a Dios no le queda otra, sino dejar que el hombre reciba lo que justamente merece como pecador, es decir el castigo eterno.

De modo que Dios no destina a nadie a castigo eterno. Si alguien termina en condenación eterna, no es culpa de Dios sino del mismo hombre que obstinadamente ha rechazado la oferta de salvación hecha por Dios en Cristo Jesús.