Esta es la oración al Dios de mi vida

Recuerdo esto y me deshago en llanto:
Yo solía ir con la multitud, y la conducía a la casa de Dios.
Entre voces de alegría y acciones de gracias hacíamos gran celebración.
¿Por qué voy a inquietarme?
¿Por qué me voy a angustiar?
En Dios pondré mi esperanza y todavía lo alabaré,
¡Él es mi Salvador y mi Dios!
Esta es la oración al Dios de mi vida:
Que de día el Señor mande su amor
Y de noche su canto me acompañe.
Y le digo a Dios, a mi Roca:
¿Por qué voy a inquietarme?
¿Por qué me voy a angustiar?
En Dios pondré mi esperanza, y todavía lo alabaré.
¡Él es mi Salvador y mi Dios!
Salmo 42

Este Salmo es uno de los siete adjudicado a la familia de Coré, hijo de Leví, ellos, los descendientes de Coré fueron designados por David para servir en la liturgia del templo, lo que vendría hacer hoy el equipo de alabanza, o como en mis tiempos, el coro de la Iglesia.

En estos hermosos versos el salmista expresa un dolor muy intenso al no poder servir como lo solía hacer porque estaba en el exilio, cada uno de estos versos expresan el amor que sentía por congregarse y servir en el altar de Dios:

¿Cual siervo jadeante en busca del agua, así te busca, oh Dios, todo mi ser?

¿Tengo sed de Dios, del Dios de la vida? ¿Cuándo podré presentarme ante Dios?

Me siento sumamente angustiado; por eso, mi Dios, pienso en ti.

Las circunstancias le impedían al salmista estar en el templo y por ellos sus enemigos se burlaban de él, entonces clama con una oración exclamatoria: ¿Por qué debo andar de luto y oprimido por el enemigo?

Es el propio Salmista el que se responde con fe que afirma su fe, con fe que tonifica y renueva su fe:
¿En Dios pondré mi esperanza, y todavía lo alabaré? ¡Él es mi Salvador y mi Dios!

Este es el centro del cántico de Coré: la confesión de esperanza en todas las tribulaciones, el Señor dirige la vida, sea de día o de noche, él dirige su amor, y su canción, melodía santa, llena de paz al afligido.

El coreuta del templo no podía congregarse y menos servir, esto le provocaba sed y hambre de la presencia de Dios, entonces en medio de su lamento recordó que no sólo en el templo habitaba Dios, sino que, en su exilio, llegó a escuchar en vez de su propia voz, la voz dulce de Dios entonando una melodía de consuelo y amor.

Este salmo me enseña dos lecciones, quizá puedas apropiarte de la que más se asemeje a tu necesidad:

Los que sirven a Dios en el templo tienen un honor, varias veces he escuchado decir a algunos consiervos que servir es un privilegio, pero ¿saben qué significa la palabra privilegio?

Privilegio es prerrogativa, ventaja, inmunidad e indulto, es decir que servir me hace especial y por ello cual congresista o senador tengo libertad para poner condiciones y salarios, si no, no sirvo. ¿Es un privilegio que exige provecho o una desventaja e inconveniente?

No, servir es una gracia y el que sirve debe meditar en estos versos para anhelar vivir para servir en la casa de Dios, sin pretensiones ni privilegios.

La segunda lección, es más un consuelo, para aquellos que están postrados en casa, ya sea por enfermedad, o peligro, y que anhelan estar gozándose en la congregación, pero no pueden porque están en el exilio. Si puedes quedarte un rato callado llegarás a escuchar en vez de los cánticos que brotan de los miembros amados, la voz de la Cabeza de la Iglesia consolando y renovando tu corazón.

Llegaré entonces al altar de Dios, del Dios de mi alegría y mi deleite,
y allí, oh Dios, Mi Dios, ¿te alabaré al son del arpa?
¿Por qué voy a inquietarme?
¿Por qué me voy a angustiar?
En Dios pondré mi esperanza, y todavía lo alabaré
¡Él es mi Salvador y mi Dios!

Dios los siga usando consiervos amados…
El Señor está sanando tu alma, espera en él.

por: Martha Vílchez de Bardales

  • es un pensamiento vonito q bueno q ay paginas ccomo estas m ayudo a refleccionar gracias q dios los bendiga