Encuentro que hasta hoy, estos siete son los males de mi corazón:

1- Inclinarse a la incredulidad.

2- Olvidar repentinamente el amor y la misericordia que Cristo me ha mostrado.

3- Inclinarme hacia las obras de la ley.

4- Distracción y frialdad en la oración.

5- Olvidar el vigilar si mis oraciones son contestadas.

6- Tendencia a murmurar por no tener más, y con todo estar dispuesto a abusar de lo que tengo.

7- No puedo hacer ninguna de las cosas que Dios me manda, sin que mis pecados interfieran. «Cuando quiero hacer el bien, el mal presente en mí» Romanos 7:21).

Aquí hay siete cosas que continuamente me oprimen, y con todo veo que Dios en su sabiduría me las ha dado para mi bien.

Estas cosas mencionadas antes:

1- Hacen que me deteste a mí mismo.

2- Me impiden confiar en mi propio corazón.

3- Me convencen de la insuficiencia de toda justificación inherente en mí.

4- Me muestran la necesidad de acogerme a Jesús.

5- Me impulsan a orar a Dios.

6- Me muestran la necesidad de velar y estar sobrios.

7- Me impulsan a orar a Dios, por medio de Cristo, para que me ayude y me conduzca en este mundo.