"Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni  la  vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni  lo  presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios,  que  es  en Cristo Jesús Señor nuestro" (Romanos 8:38, 39).

Un visitante preguntó a un soldado herido, agonizante en  un hospital: "¿De qué iglesia usted  esí"  "De  la  iglesia  de Cristo," fue la respuesta inmediata. "Quiso  decir,  de  que
convicción  religiosa."  "¿Convicción?"  dijo   el    hombre agonizante, mientras dirigía sus ojos para el cielo, con una sonrisa radiante para el Salvador, estoy seguro de que ni la muerte,  ni  la  vida,  ni  ángeles,  ni  principados,    ni potestades…. nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro"

¿Tenemos nosotros la  misma  convicción  de  aquel  soldado? ¿Estamos mismo convencidos de qué Jesus  Cristo  es  nuestro Señor? ¿Estamos caminando en este mundo con  la  fe  de  que nada  podrá  sacar  la  nuestra  paz  y   nuestra    alegría exactamente porque el Señor es el Dios  de  nuestras  vidas,sean cuáles son las circunstanciasí

Muchas veces perdemos la  tranquilidad  y  dejamos  que  las murmurações asuman el control de nuestros actos  apenas  por un pequeño problema que, con a ayuda  del  Señor  podrá  ser fácilmente resuelto. qué pasa es que  no  tenemos  la  plena convicción de que "en él podemos todas las cosas," y de  que aun cuando nuestro camino esté cubierto  de  obstáculos,  la victoria es y siempre será nuestra.  Somos  hijos  del  Dios Altísimo y  Él  siempre  nos  ayudará  a  vencer  todas  las batallas.

El amor de Dios para con nosotros es grande demás  para  que dejemos que la tristeza y la desesperanza nos abata.  Luchas personales, falta de dinero, desempleo,  o  cualquiera  otro
problema que nos abrume son pasajeros y a cualquier  momento pueden dejar de existir, pero la dicha de tener Jesus en  el corazón y el nombre escrito en los Cielos durarán  por  toda
la eternidad.