Oh, Santo y soberano Dios

que gobiernas
con poder,
no se escapa
nadie de tu vista
desde el anochecer
hasta el amanecer.
 
Tu conoces mis batallas,
mis guerras
y conflictos
 
sabes si estoy herido
abatido
o perseguido.
 
Conoces mis pasos,
sabes que te siguen,
con obediencia
amor
y persistencia.
 
Dios mio,
te confieso,
que la guerra duele,
que abate
y que poco a poco
mata y no cesa el combate.
 
Dios mio,
la guerra es fuerte,
y estamos al frente,
no por  ser valientes,
sino por ser obedientes.
 
Dios mio ven,
tu conoces mis heridas,
abatimiento
y congojas
 
me siento como
entre hormigas,
o como arbol
perdiendo las hojas.
 
Dios mio ven,
muestrame tu faz,
un aliento del cielo,
y abrazame con tu paz.

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