Durante un banquete ofrecido en 1895 con motivo de la inauguración del Automóvil Club de Francia, el físico M. Deprez terminó su discurso con estas palabras: «Veo acercarse el tiempo en que el automóvil hará un promedio de velocidad ya no de 24 kilómetros por hora, sino de 50, y quizá de 60». El constructor Levassor se inclinó hacia su vecino y murmuró: –¿Por qué será que al final siempre hay algún exagerado que dice barbaridadesí

       Claro que no queremos reprochar a los hombres sus equivocaciones en cuanto a sus predicciones respecto a un porvenir que no pueden conocer. Aun para apreciar los acontecimientos actuales, los más sabios a menudo se equivocan.

       Pero necesito conocer la verdad. No en cuanto al porvenir, en primer lugar, sino acerca de la realidad presente. ¿Quién soy y qué tengo que hacer en un mundo en el que no escogí nacer ni vivir? ¿Quién me lo dará a conocer? Sólo Dios, porque él es el Dios de verdad (Salmo 31:5), y su palabra es verdad (Juan 17:17).

       El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán, dijo el Señor Jesús a sus discípulos (Mateo 24:35 ). Pero, ¿escucho en verdad estas palabrasí ¿Hago caso de las que el Señor pronunció: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida ? ( Juan 5:24). El que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él (Juan 3:36).




Ahora que te conozco permaneceré en ti siempre y tu en mi.

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