El pastorcito valiente


1 Samuel 17:1-58 Casi todos conocemos la historia de David y Goliat.

Sin embargo… No muchos hemos contemplado el alcance de la fe de David.

Goliat estaba armado de pies a cabeza y medía 6 codos y un palmo, esto es 2 metros 95 centímetros de alto.

Poco más que la altura del techo de algunas casas.

Estaba cubierto por su armadura y su tremenda lanza era del grueso de un rodillo de telar.

David, un pequeño pastorcito, se enfrentó sin armadura a aquel gran guerrero, contra quien ningún soldado israelita se atrevió.

Lo hizo en el nombre de Dios, con una fe que es fácil de contar, pero difícil de sentir frente a un gigante como aquel, dispuesto a humillarlo y destruirlo.

Sabía que no le daría tiempo de lanzar más de una piedra con su honda.

Si fallaba, hubiera sido atravesado de inmediato por su enemigo.

Entonces…

¿Por qué dice la Biblia que recogió cinco piedras lizas del arroyo, si una bastaba para ganar o morir?

La respuesta se encuentra libros más adelante, cuando nuestro héroe ya era rey.

Los filisteos (pueblo de Goliat) se encontraban en una colina y los israelitas en otra.

El villano retaba al ejército del pueblo de Dios en la llanura que separaba ambos montes.

Desde allí, David pudo ver perfectamente que Goliat.

¡No estaba solo!

Tenía cuatro gigantes más a su lado, muertos años después por los valientes de David (2 Samuel 21:15-22)

La fe del pastorcito radicó en confiar en Dios que de vencer a su enemigo de una sola pedrada y de venírsele encima los otros 4 gigantes.

¡Tendría la puntería y fuerza suficientes para acabar de una vez a cada uno de ellos!

Impactante fe.

No sé cuál sea el problema que te aqueja hoy.

Tal vez… ¿Deudasí

¿Tu matrimonio fallido?

¿Un hijo rebelde o enviciado?

¿Una costumbre o relación que no puedes dejar?

¿Un trabajo que perdiste o que no consiguesí

¿El amor no correspondido?

¿Injusticias contra tu persona?

Nada ni nadie es más alto que Dios mismo.

El secreto de la fe, es ver desde la perspectiva de Dios.

Aquel pastorcito no escuchó las maldiciones de su enemigo, sino las palabras de Dios.

Lo conocía, le creía y confiaba en él, sabiendo su voluntad y sus promesas para recibirlas.

El enemigo diario es casi siempre más grande, poderoso y mejor armado que nosotros y desea atravesarnos para perdernos eternamente.

Para vencer a los gigantes de la vida, es necesario ingresar a las filas de los ganadores, creyendo y declarando arrepentidos a Jesucristo como Hijo de Dios que murió y resucitó para darnos vida eterna y una entrega en obediencia a él.

Esto nos hace más que vencedores contra la adversidad y nos convierte en guerreros del Dios vivo y personal que anhela demostrarnos su amor a cada momento.

Los gigantes y las batallas seguirán apareciendo.

No le cuentes a Dios de los problemas que tienes, mejor cuéntale a tus problemas, del Dios poderoso que amas y sirves.

Un Dios que no busca gente con armaduras y armas propias, sino con corazones dispuestos a obedecerle y a confiar en su poder y su amor.

Por cierto.

Goliat no murió de la pedrada que le diera el pastorcito, sino rematado con su propia espada.

Esta es a veces comparada con la palabra de Dios.

Así… ambas declaraciones influyeron en el resultado.

Sus palabras de muerte se le vinieron encima al gigante, actuaron contra él, las de David, de fe, se hicieron efectivas a su favor.

¿Que declaras para tu vida con tus labiosí

¿Fe en Dios y en sus promesas o desconfianza, incredulidad y hasta burla, que te traen muerte y derrota?

Bueno, ese es ya otro tema que podemos hablar luego, cuando el gigante de la duda ataque tu corazón.

¿No te parece?

Amén.

Dios Te Bendiga.

Ministerio El Remanente Inc.



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