Reflexiones Cristianas – Nadie enseña lo que no sabe

Cuando somos muy pequeños aprendemos a sentirnos con nosotros mismos y con la vida según las reacciones de los adultos que nos rodean Es así como aprendemos lo que ahora pensamos de nosotros y de nuestro mundo. 

Es decir, que si ha vivido usted con personas muy desdichadas y asustadas, culpables o coléricas, habrá aprendido muchas cosas negativas sobre usted y sobre su mundo.  "Nunca hago nada bien…" "Es por mi culpa…" "Si me enfado soy una mala persona…  " Esta clase de creencias generan una vida de frustración.  Cuando crecemos, tenemos tendencia a recrear el ambiente emocional de nuestro hogar de la infancia.  Es algo que no está ni bien ni mal; simplemente, se trata de lo que por dentro sabemos que es un «hogar».  También tendemos a recrear la relación que tuvimos con nuestra madre o con nuestro padre, o la que ellos tenían entre sí.  Piense con cuánta frecuencia ha tenido una amante o un jefe que era «el retrato» de su madre o de su padre.  Nos tratamos a nosotros mismos tal como nos trataban nuestros padres.  Nos regañamos y nos castigamos de la misma manera.  Si escucha, casi podrá oír las palabras.  Además nos amamos y nos animamos de la misma forma, como cuando éramos pequeños.

-Tú nunca haces nada bien…
-Es por culpa tuya…
¿Cuántas veces se lo ha dicho usted a sí mismo?

-Eres maravilloso, te amo…¿Cuántas veces se dice usted estas palabrasí 

Sin embargo, yo no echaría la culpa a nuestros padres.  Somos todos víctimas de víctimas, y ellos no podían de ninguna manera enseñarnos algo que no sabían.  Si su madre no sabía amarse a sí misma, ni su padre tampoco, era imposible que le enseñaran a usted a amarse a sí mismo; estaban haciendo todo lo que podían con lo que les habían enseñado de pequeños.  Si quiere usted entender mejor a sus padres, hágales hablar de su propia niñez; y si los escucha con compasión, aprenderá de dónde provienen sus miedos y sus rigideces.  Las personas que le hicieron a usted «todo aquello» estaban tan asustadas y temerosas como usted. 

Louise Hay – Usted puede sanar su vida


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