“No cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces”


Pedro negó una vez y no lloró porque el Señor no le había mirado. Le negó una segunda vez, y tampoco lloró porque el Señor todavía no le había mirado. Le negó por tercera vez; Jesús le miró, y lloró amargamente (Lc 22,62). Míranos, Señor Jesús, para que sepamos llorar nuestro pecado. Eso nos demuestra que también la caída de los santos puede ser útil. Las negaciones de Pedro no me han perjudicado; al contrario, con su arrepentimiento, he salido ganando: he aprendido a preservarme de un entorno infiel…

Pedro lloró, y muy amargamente; lloró hasta llegar a lavar sus faltas con sus lágrimas. También nosotros, si queremos alcanzar el perdón, borremos nuestra falta con lágrimas; en el mismo momento, cuando acontece, Cristo nos mira. Si llegamos a caer en alguna falta, él, testigo presente en vuestra vida escondida, nos mira para recordárosla y hacernos confesar nuestro error. Cuando esto nos llegue, hagamos como Pedro, que en otra parte dice por tres veces: “Señor, tú sabes que te amo” (Jn 21,15). Lo negó tres veces, también tres veces lo confiesa; pero lo que negó durante la noche, lo confesó a pleno día.

Todo esto se ha escrito para hacernos comprender que nadie puede envanecerse. Si Pedro Cayó por haber dicho: “Aunque todos caigan por tu causa, yo jamás caeré” (Mt 26,33) ¿quién osará contar con sus propias fuerzasí… ¿Dónde está, Pedro, eso que quiero recordarte para que me enseñes tus pensamientos cuando llorabasí ¿En el cielo donde ya tienes tu lugar entre los coros de los ángeles, o todavía en el sepulcro? Porque la muerte, de la cual el Señor resucitó, a ti no te repugna cuando te toca. Enséñanos cuán útiles te han sido tus lágrimas. Porque muy pronto lo has enseñado: porque habiendo caído antes de llorar, tus lágrimas han servido para y ser escogido y conducir a los demás, a ti que, primero, no habías sabido conducirte a ti mismo.

Bendiciones

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