Devocional Diario – Ego y voluntarismo

¿Acaso nosotros somos también ciegosí Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece. Juan 9:40, 41

La raíz de nuestras contradicciones y rechazos a la obra de Dios provienen invariablemente de nuestro amor propio, nuestro egoísmo y egocentrismo. Si creemos que lo mejor es lo que es de nuestra voluntad propia, juicio propio y carnal, siempre estaremos rechazando prácticamente todo lo que sucede, ya que carecemos del poder necesario para que las cosas se adapten y configuren a nuestra conveniencia del momento. Dios propone y ejecuta su obra, y aborrece la rebeldía y oposición de sus criaturas a sus disposiciones.

Por ello, todo lo que deseas alcanzar con amor propio, orgullo propio, deseo personal, y no consigues realizarlo, lo conviertes en aguijón amargo y doloroso contra ti mismo. Y tanto más enconado, cuanto más empeño pones en que las cosas y los sucesos ocurran como tú quieres, pero no puedes. En esa situación, para tu testarudez, Dios no cuenta para nada. Lo apartas de ti, considerándolo un enemigo que resiste tu voluntad. Son las cosas vueltas del revés, por tu terca obstinación. Tú quieres, a pesar de que sabes que Dios no quiere.

El amor propio ciega el entendimiento, oscurece la razón, debilita la voluntad libre, y se constituye en enemigo de todo aquello que no se adapta a nuestra propia volición o deseo. Como no puede hacer a Dios su servidor, lo hace su mayor enemigo.

Y como en su curso natural, los hechos (en un porcentaje altísimo), no se someten a nuestro querer y desear, una frustración, un rencor sordo y obstinado, preside y llena completamente la vida y el corazón del hombre terco y voluntarioso. De ahí los malos humores; el sentimiento de paranoia que llena el vivir de tanta gente.

¡Y el nuestro! ¿o no?

¿Y como, no aprendemosí

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