Escuchando para que nuestros hijos hablen
Sharon Jaynes

Sea un padre o una madre, no un entrenador Después de uno de los partidos de béisbol de mi hijo, camino a casa, en el automóvil hablamos sobre el partido jugada por jugada.

“¿Viste el lanzamiento de tres puntos de Anthony? ¡Eso fue impresionante!”, le comenté. “¿Puedes creer que ese muchacho me dio un codazo y que el árbitro no cobró la falta? ¡Eso me hizo enojar!”

“¡Sí! Lo vi. Fue una mala acción, pero estoy orgullosa de ti por no perder los estribos. Eso habría sido difícil para mí. Hiciste un gran trabajo bloqueando al número 23 en el tercer cuarto. ¿Cuál de los muchachos fue el más difícil de cubrir?”

Note que no utilicé este tiempo para darle una clase de “entrenamiento”, acerca de lo que podría haber hecho mejor. Éste es probablemente uno de los peores errores que los padres cometen al hablarles a sus hijos después de tales eventos.

¿Quisiera usted que alguien le dijera cómo hacer algo mejor y que destacara todas sus debilidadesí Yo sé que yo no lo quisiera.

Si eso es lo que sucede en el automóvil de camino a casa con su hijo o su hija, espere un viaje con pasajeros silenciosos. A propósito, no se sorprenda si su pequeño Juanito quiere irse a casa con su amigo Carlitos y con la mamá de éste, que está en la onda porque hace buenas preguntas y destaca los movimientos notables de cada jugador.

Las preguntas hacen que las personas participen. Son una invitación a la relación.

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