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Un Secreto y Una Bendición Para Aprender Sobre La Paciencia En La Biblia

Un Secreto y Una Bendición Para Aprender Sobre La Paciencia En La Biblia

“Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca”. (Santiago 5:7-8)
 
Santiago por causa de la cercanía que tuvo con Jesús conoció aspectos importantes de su vida. Hablaba directo, decía las cosas claras. En su carta nos comienza a hablar de un ingrediente que no nos gusta, la paciencia.

Gálatas 5 dice “Más el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,”

¿Y es fácil llegar al fruto de la paciencia? Si alguna vez nos ha tocado esperar a alguien, sabemos que no. La Biblia nos habla de la paciencia no solo para esperar personas, sino también para la venida del Señor.

En griego la palabra Paciencia quiere decir resistencia, aguante, habla de esperar con gozo. El término perfecto en la Biblia es “maduro”, pues la paciencia va madurando a uno.

“Más tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna” (Santiago 1:4)
 
Estamos en la época del microondas, de las comidas rápidas; el mismo sistema de vida hace que queramos todo ahora. Esto lo vemos a veces hasta en una de las decisiones más importantes que podamos tomar como adultos, “el matrimonio”; en parejas deseosas de casarse sin estar aún preparados para esa responsabilidad. Si bien es cierto que han sido madurados con carburo (superficialmente, como los mangos), no es menos cierto que quieren seguir jugando al niño y cuando llegan las circunstancias adversas, muestran la falta de paciencia lo cual no les permite pasar las pruebas. 
 
“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia” (Romanos 5:1-3).

En la versión original de este versículo envés de paciencia dice “carácter probado”. Una de las mayores victorias para nosotros como creyentes es llegar a decir «Gloria a Dios» en medio de las tribulaciones. Gloriarse en la tribulación es decir: “Señor de esta no salgo, pero gloria a Dios porque me va a gustar ver como me vas a sacar, y mi carácter será probado.”
 
El carácter probado es como el cuchillo de acero; va a venir calor y frío y el cuchillo siempre se mantendrá igual. Jesús cuando iba a la cruz alzó su rostro y lo afirmó, jamás cambió porque siempre fue el mismo y seguirá siendo el mismo de carácter probado. No importa lo que pase el Señor te da un filo que no te lo quita el diablo “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.” (Isaías 43:2).
 
Hay una paciencia que Dios nos llama a tener, es la paciencia del labrador. Después que tiene la semilla, que la puede ver, palpar y oler envés de comérsela toma la decisión de sembrarla, de no verla más. Entonces llega el momento de esperar pacientemente la lluvia.
 
La Biblia nos habla de la lluvia temprana y de la tardía. La temprana era la que se daba en Israel entre los meses de octubre a enero y servía para dos cosas: era la primera lluvia que mojaba la tierra y le decía al agricultor que era tiempo de herir la tierra y de ararla porque estaba suave. En la vida de cada persona hay veranos, tiempos difíciles, de repente llegas a un lugar y sientes la lluviecita y muchas veces cuando uno esta atribulado le salen lágrimas y estamos regando la tierrita, es tiempo de herir la tierra, de humillarse, de decir Señor quiero que hagas algo en mi vida, en mi casa, en mi empresa, en mi nación.
 
Después que la habían arado, depositaban la semilla y la tapaban, servía para arar y hacer germinar la semilla. El que no aprovecha la lluvia temprana en su vida, en su hogar, en su empresa, para arar y sembrar semilla y que germine no va a poder cosechar.
 
La lluvia tardía era la que se daba de marzo hasta mayo; esta ya no era para arar y germinar, sino que era para hacer crecer la planta y madurar el fruto. Cuando llueve la fruta crece y madura. El labrador necesita de paciencia, y cuando Dios ve tu paciencia, ve que pasaste tu verano fiel, entonces comienza a mandar lluvia y es tiempo de arar y meter la semilla de Dios y él la hace germinar sin que nos demos cuenta.
 
CONCLUSIÓN
 
Un diamante se forma en la parte de abajo de las rocas bajo presión, se cristaliza y se vuelve diamante y no hay piedra más fuerte que esta; pero tuvo que soportar calor, prueba, presión y tiempo. Asimismo Dios permite que pasemos por diversas pruebas, porque nos quiere hacer diamantes.
 
La paciencia es uno de los frutos más bellos que puede uno adquirir. En Hebreos 11 vemos que por la fe hubo gente que alcanzó con paciencia la promesa. Lo que Dios promete lo cumple, hay un momento en que no miras nada, pero pronto se hará evidente.
 
Dios puede cambiar tu noche de fracaso en mañana de victoria, pero debes tener paciencia, pues Él trabaja en el reposo.

Cristo en el milagro de los panes y los peces le dijo a los discípulos díganles que se sienten, Dios no hace ningún milagro en la carne porque nos quiere enseñar una virtud que se llama paciencia:

  • El carácter probado es aquel que es firme y nada lo puede alterar.
  • Dios le dio su compañera a Adán en reposo; lo durmió, porque Dios no trabaja con la carne abierta.
  • La prueba produce paciencia y la paciencia hace que seamos maduros y cabales.
  • Los frutos son del Espíritu y son para esta tierra, cuando das fruto no te ves tú, sino el Señor en ti. –
  • Dentro de los frutos del Espíritu aparece la paciencia.
  • Las pruebas son productoras de paciencia.
     
    Dios nos permite pruebas y paciencia para que seamos perfectos y cabales. No nos cansemos de sembrar y regar porque a su tiempo cosecharemos; ¡no desmayes, sigue, persevera!.

    Por: Fernando Ortiz

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