Les reconocían que habían estado con Jesús.
Hechos 4:13.

¿Quién es aquel que os podrá hacer daño,
si vosotros seguís el bien?
1 Pedro 3:13.


¿A quién nos parecemos?

David, criado en Birmania, conocía el idioma hablado en la pequeña ciudad que visitaba por primera vez. Era día de mercado. En la plaza ofreció unos evangelios y empezó a leer algunas líneas a quienes se encontraban allí. Pronto se formó un pequeño grupo y cada uno, con asombro, escuchó a David hablar de Jesús. De repente un campesino lo interrumpió le dijo: -Conozco al hombre de quien habla tu libro. Habita en mi aldea. Ven, te lo mostraré.

Intrigado, David decidió seguirle. Al llegar a la aldea, notó una choza diferente de las demás. No había basura en los alrededores y en lugar del barro pisoteado crecían plantas verdes. -Es aquí, le dijo su guía. El hombre que salió de la casa también era distinto: su rostro era apacible y benévolo. Invitó a su visitante a tomar un té y ambos entablaron conversación.

Cuando se enteró de que David vendía libros que hablaban de Dios y de su Hijo Jesucristo, su rostro se iluminó. Luego fue a buscar un viejo evangelio de Marcos hecho jirones. -Este es el libro que habla de mi Jesús, dijo conmovido. Hace años un hombre me lo vendió en el mercado. Desde entonces lo leo cada día. Nunca he conocido a nadie como Jesús. ¿Es el mismo Jesús que usted conoce? -Sí, es el mismo, respondió alegremente David. Él es único.

Los que conocemos a Jesús como nuestro Salvador personal, ¿nos reconocen por ser sus discípulosí ¿Nos parecemos moralmente a él?

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