Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo el que me sigue, no andará en tinieblas,sino que tendrá la luz de la vida. Juan 8:12.

La sensación de sentirse inútil

En uno de sus libros, un novelista habla de un hombre que se suicidó porque la instalación del agua corriente en su aldea lo había privado de su única ocupación: abastecer de ella a sus vecinos. Ya no le encontraba sentido a su vida, a pesar de la compasión de aquellos que, para agradarle, aún le pedían que les trajera agua. En efecto, ¿cómo vivir con la sensación de ser inútil, con el sentimiento de no tener valor para nadie? El relato termina así: «No se divierte mucho tiempo el hombre con bagatelas. Necesita algo sólido en qué comprometer su responsabilidad, su dignidad y su existencia».

La solución se halla en el Evangelio. Aquel que se vuelve hacia Jesucristo asume con lucidez su responsabilidad, porque reconoce que nadie más puede responder a sus necesidades.

Entonces vuelve a encontrar su verdadera dignidad, porque se da cuenta de que es muy amado, que Dios lo perdona y lo recibirá en su propia casa. Sabe que de ahí en adelante su existencia se debe a la voluntad de Dios, que actualmente puede serle útil y que acabará en su presencia.

Aquel que se vuelve a Jesucristo halla una razón de vivir a la vez que el gozo de vivir. Por medio de él, volvamos a nuestro Creador, quien mejor que nadie sabe lo que nos hace falta y es el único que puede responder a nuestras más profundas aspiraciones y necesidades.

“Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2:13).

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