Porque ¿qué tiene el hombre de todo su trabajo,y de la fatiga de su corazón,con que se afana debajo del sol? Porque todos sus días no son sino dolores,y sus trabajos molestias;aun de noche su corazón no reposa.Eclesiastés 2:22-23.

 

¿Tormento o Reposo?

 

«El espanto siempre se halla en uno mismo, basta buscarlo en lo más profundo. Menos mal que se puede actuar». Así se expresa el héroe de una novela.

Para ocultar su miedo, olvidar sus dudas y llenar ese vacío que continuamente descubre en el fondo de sí mismo, el hombre a menudo se deja arrastrar por una actividad agotadora y sin tregua. En esa agitada carrera busca distraer su espíritu y su cuerpo por medio de una nueva ocupación, a menudo superficial. Nuestra sociedad está programada para imponer horarios de trabajo sobrecargados y espectáculos u ocios cada vez más cautivadores.

Pero sin Dios, el hombre por sí mismo no podrá hallar descanso, certeza, ni seguras respuestas a sus preguntas. La solución propuesta por el novelista sólo constituye una fuga que conduce a la desesperación.

Sólo la gracia de Dios da el descanso a nuestro corazón cansado de este mundo y de sí mismo.

Al buscar a Dios, el hombre verá desaparecer el espanto y hallará paz y felicidad, aceptando la invitación de Cristo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:7).

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