Su bandera sobre mí fue amor.

Cantar de los cantares 2:4.

 

Has dado a los que te temen bandera que alcen por causa de la verdad.

Salmo 60:4.

 

¿Reino de amor o de egoísmo?

 

Cada país tiene su bandera. Sin palabra ni inscripción, permite identificar un ejército, un equipo, una embajada. Ocurre lo mismo en la esfera espiritual. El reino de Dios tiene el amor como bandera. Jesús dijo: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos por los otros” (Juan 13:35).

 

Si vivo en obediencia al Señor, los demás me reconocerán como cristiano por la señal del amor. Verán que amo verdaderamente a los otros y que estoy por encima de las diferencias sociales y culturales. Sin que hable mucho, sin que lleve un signo distintivo, reconocerán que pertenezco al reino de Dios. Verán ondear esta bandera en toda mi conducta.

 

En cambio, la bandera del reino de las tinieblas es el «yo», el egoísmo. En lugar de amar a los demás, me amo a mí mismo. Vivo para mí, me preocupo por mi persona, todo converge hacia mí. Puedo aparentar cortesía y amabilidad con los demás, pero en el fondo lo hago por mí. Esto acarrea muchas dificultades y el mundo se vuelve la escena de un permanente conflicto entre los «yo» egoístas sobre la cual flamea la bandera de «cada uno para sí».

 

¿Quién no quisiera que su vida tuviera como motor el amor? Pero, ¿dónde hallar la fuerza para amar? El amor no se halla en el fondo de mi naturaleza dominada por el orgullo y el egoísmo. Está en Dios, en Jesucristo. Encuentro el amor, no cuando quiero amar, sino cuando descubro y comprendo cuánto me ama Dios.

Fuente: Buena Semilla 

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