Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios…El que no ama no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.1 Juan 4:8.


El Amor de Dios

 

A veces oímos decir a la gente: «Todo lo que necesitas es amor». Es cierto, nadie puede vivir sin amor, porque sin amor uno se viene abajo física y emocionalmente. Pero, ¿qué es el verdadero amor y dónde se encuentra? Ahí está la dificultad. Quien tiene hambre de amor recurre ávidamente a todo lo que se le ofrece como «amor», y en muchas ocasiones se siente engañado. Hay quienes hablan de amor, pero sólo piensan en sus intereses propios. Otros dicen «amor», pero sólo se trata de sentimentalismo. Algunos mencionan el amor y quizá creen sinceramente en él, pero ¿por cuánto tiempo?

Sin embargo, existe un amor que nunca engaña ni decepciona. Es el amor de Dios. Jesucristo, el Hijo de Dios, trajo este amor al mundo. No sólo hablaba de amor sino que obraba en consecuencia. Buscaba a las almas que no tenían esperanza y traía de vuelta a las que se habían extraviado. Nunca buscó algo para sí mismo. No vino para ser servido, sino para servir a los demás.

Finalmente se ofreció a sí mismo. Murió dando su vida en rescate por los pecadores. Como él no tenía pecado, Dios pudo aceptar su sacrificio. Vemos el verdadero amor en la cruz donde estaba colgado. ¿Suspira usted por un amor imperecedero? Dios es amor y nos lo manifestó al enviar a su Hijo unigénito para que vivamos por él. “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros”, y sigue amándonos (1 Juan 4:8-10).

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