Por nada estéis afanosos,sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego,
con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento,guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.Filipenses 4:6-7.


La paz interior

El rey Herodes acababa de dar órdenes para matar a Jacobo por la sencilla razón de que éste era cristiano (Hechos 12:1-19). La multitud apreciaba esta clase de espectáculo, y para hacerse aún más popular, Herodes decidió entregar también al apóstol Pedro. Se proponía hacer de ello una fiesta al día siguiente. Mientras tanto encarceló a Pedro y mandó que fuese encadenado y custodiado por cuatro grupos de cuatro soldados.

Pedro sabía lo que le esperaba: los sufrimientos y la muerte. Habría podido estar inquieto y vivir esta última noche en la angustia. ¡Pero no, durmió apaciblemente! Confiaba en Dios, quien le llenaba de su paz. Si debía sufrir el martirio, sabía que el Señor lo sostendría y le daría fuerzas para glorificarle.

¿Tendríamos la misma tranquilidad de espíritu si tuviésemos que atravesar persecucionesí La paz divina está al alcance de todo creyente, porque tiene su fuente en Dios, quien sabe mejor lo que nos conviene y hace converger todas las circunstancias para nuestro bien.

Durante ese tiempo los cristianos de la ciudad oraban incesantemente por él. Y el Señor envió a su ángel para liberar al prisionero, abriéndole las pesadas puertas de la cárcel. Pero, ¿no era una manifestación aún más extraordinaria del poder de Dios que Pedro pudiera dormir apaciblemente aquella noche?

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