Respondió Jesús y le dijo:
Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber;tú le pedirías, y él te daría agua viva.
Juan 4:10.

 

Aspiración a la perfección

 

Al final de su vida, el pintor Georges Rouault (1871-1958) destruyó muchas de sus obras que se habrían podido vender por una suma considerable. A lo largo de su carrera había buscado una expresión cada vez más refinada de la hermosura, y al final no quiso dejar tras sí nada mediocre ni nada inmoral.

Así era el artista y así es el hombre que a menudo busca cierta perfección. Sin embargo, cuando el ser humano tiene éxito en sucesivos proyectos, se da cuenta de que en él hay una exigencia de superarse que ninguna realización personal o colectiva consigue colmar. La diferencia entre sus obras y sus aspiraciones está en el origen de nuevos proyectos. Pero la distancia subsiste y nunca puede ser enteramente suprimida. En el fondo, el hombre sabe que es un ser finito y quisiera lo infinito. Esta aspiración a la perfección, ¿no es un indicio indirecto de la existencia de Dios y una necesidad de contacto con él?

Pero, ¿cómo conocer a Diosí No a través de nuestros sentidos naturales ni de nuestros razonamientos, sino por la fe. Dios es más grande que nuestra razón. La Biblia nos dice que es invisible, pero se revela a quien recibe su Palabra. Ella convence y produce el “sí” de la fe. No sólo nos da la seguridad de la existencia de Dios, sino también la de la salvación, haciéndonos conscientes de su presencia cerca de nosotros. Mediante la Biblia, Dios se revela como aquel que apaga nuestra más grande sed y responde a nuestras más altas aspiraciones.