No amemos de palabra ni de lengua,sino de hecho y en verdad.1 Juan 3:18.

 

¿Me amasí

 

“¿Me amasí” Esta es la pregunta que Jesús formuló a Pedro después de que lo negó; es la pregunta clave que nos interpela a cada uno de nosotros, mediante la cual Jesús quiere quebrar el muro del pecado que nos separa de Dios y nos hace hallar el amor del Padre.

Al comienzo de nuestra vida cristiana Jesús nos formula esta pregunta. También nos la hace cuando nos hemos alejado de él. En realidad nos la formula todos los días. ¿Me amas aún hoy, me amas por encima de todo? El Señor espera de nosotros un corazón ardiente de afecto, un amor sin límites. Cuando todo va bien, quizá sea fácil amar a Jesús. Pero, ¿qué ocurre cuando los problemas vienen de improviso? ¿Permanece intacto nuestro amor por él?

Un cristiano que había sido encarcelado por difundir la Biblia pudo decir: -Valió la pena sufrir en la cárcel para que otros pudieran encontrar a Jesús. Este creyente no tenía en cuenta su interés personal. Pensaba en el bien espiritual de su prójimo. Como él, alguien que ama a Jesús procura el bien de los demás.

Si bien nuestro amor por el Señor se muestra primeramente al obedecer su Palabra, según dijo a sus discípulos: “El que me ama, mi palabra guardará” (Juan 14:15, 23), igualmente Jesús espera de nuestra parte no una simple palabra, sino hechos, un compromiso para él. Cristianos, ¿qué hacemos de nuestro tiempo y de nuestro dinero? ¿Cómo ponemos en práctica nuestra fe? En realidad, la intensidad de nuestro amor está basado en el amor del Señor por nosotros. “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19).

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