Reflexiones Cristianas – Victoria Garantizada   “¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Diosí” (1 Juan 5:5)   En Waterloo, Napoleon era el más fuerte en todos los sentidos.  Tenía más hombres, más armas — las mejores, y sabía como usarlas.  Sus oficiales eran todos “hombres de renombre”.  El líder francés, por lo que ya había visto en la liza, estaba tan seguro de la conquista que envió tres mensajes a Paris informando de su victoria.   Muchas veces nos engañamos al pensar que nuestro conocimiento, fuerza y capacidad son los únicos factores determinantes para una gran conquista.  Creemos que no dependemos de nadie, que no necesitamos de nadie y que venceremos todos los obstáculos cuando así lo anhelemos. Nuestro aire de superioridad, muchas veces, es el punto de partida para una grande derrota.   Cuando colocamos nuestra vida espiritual en el altar de nuestro Dios, confiamos a Él todas nuestras batallas y confesamos que nada podemos hacer sin su intervención, pasamos a ser, entonces, Fuertes y más que vencedores.   Nuestra confianza no está basada en nosotros mismos, pero si en el Rey de los reyes y Señor de los señores.  No existe fracaso para un hijo de Dios, no existe desánimo o desistencia, no existe Waterloo.  Cuando caemos Él nos levanta, cuando lloramos Él nos consuela y nos hace sonreír nuevamente, cuando todo parece perdido, Él nos presenta la puerta de las grandes victorias.   Cuando nuestra fe en el hijo de Dios es inabalável, descansamos delante de todas las batallas.  Él pelea por nosotros, nos protege del ataque del enemigo, nos lleva a las fuentes de aguas tranquilas.   Napoleão confió en su propia fuerza, así como el gigante Goliat.  Nosotros, como David, confiamos en la fuerza del Señor.  ¡La victoria es garantizada!

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