SANGRE SOBRE EL SALMO 20
por el Hermano Pablo
Era el día 20 de enero de 1945, en el campo de batalla de Bulge, Alemania, durante la última contraofensiva alemana. Las bombas y los cañonazos sacudían el ambiente. Humo de pólvora y olor a sangre flotaban en el aire. Dentro de una trinchera, en medio del campo de batalla, Edward Jackson, soldado de las fuerzas de rescate, encontró una Biblia. Estaba abierta en el Salmo 20, y sobre las palabras del salmo había huellas digitales marcadas en sangre.

Los primeros dos versos del salmo dicen: «Que el Señor te responda cuando estés angustiado; que el nombre del Dios de Jacob te proteja.» Sin duda el soldado herido, dueño de la Biblia, había hallado consolación y aliento en esas palabras.

Jackson salió ileso con la Biblia, y de ahí en adelante trató de encontrar a su dueño, pero no lo consiguió. ¿Qué se hizo aquel joven herido? No se sabe. Tal vez haya muerto de sus heridas. Pero en aquella Biblia quedó su sangre con sus huellas digitales claramente impresas. Y las palabras del Salmo 20 quedaron como testimonio del valor moral y espiritual de la Palabra de Dios.

Aquel salmo dice más adelante: «Éstos confían en sus carros de guerra, aquéllos confían en sus corceles, pero nosotros confiamos en el nombre del Señor nuestro Dios. Ellos son vencidos y caen, pero nosotros nos erguimos y de pie permanecemos» (Salmo 20:7,8).

En sentido literal colectivo, estas palabras resultaron ciertas. Tras la batalla de Bulge, el tercer reich de Adolfo Hitler cayó, y las fuerzas aliadas se levantaron y permanecieron en pie.

Así mismo, en sentido figurado personal, estas palabras pueden ser ciertas en la vida de cada uno de nosotros. Si hay conflictos, tragedias, desgracias o calamidades en nuestra vida, Cristo está siempre presente para acudir al llamado de quienes invocamos su nombre.

Ahora bien, es posible que Dios se valga de la desgracia que nos está destruyendo para motivarnos a acercarnos a Él, sin haber enviado Él mismo la calamidad. Si le cerramos nuestro corazón, fracasaremos. En cambio, si clamamos a Dios en medio de nuestro dolor y creemos que cumplirá sus divinas promesas de ayuda y socorro, nos levantaremos y seguiremos marchando.

Cristo es un Salvador seguro. En tiempos de paz y de guerra, Él es Salvador. Así mismo, en tiempos de calma y de conflicto, Él es Salvador. Cristo nunca falla.

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