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¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado.

Lucas 24:5-6.

 

 

Jesús vive – el Devocional Diario

 

No se puede negar la valentía de José de Arimatea y de Nicodemo para pedir el cuerpo del Señor, ni tampoco el afecto de esas mujeres de Galilea que iban al sepulcro de Jesús. Más que especias aromáticas y perfumes para embalsamarlo, más que una sábana limpia y un sepulcro nuevo, había amor, abnegación y lágrimas. María Magdalena lloraba sobre la tumba.

Pedro y Juan rivalizaban de celo para correr hacia allí; los dos discípulos en el camino a Emaús conversaban acerca de Jesús y estaban tristes, pero cuando su misterioso compañero les hablaba de sí mismo mientras caminaban, sus corazones ardían. Aunque todas estas escenas eran demostraciones de afecto, los discípulos permanecían incrédulos al hecho de que su Señor había resucitado.

Él no dejaría a sus discípulos hasta que hubiera hecho brillar en sus corazones y en sus conciencias la luz de ese gran misterio de la resurrección: Los dos de Emaús, al fin, reconocieron a Jesús, y, apresuradamente volvieron a Jerusalén para dar la gran noticia: “Ha resucitado el Señor verdaderamente” (Lucas 24:34).

Al terminar ese primer día de la semana, el Señor se apareció a sus discípulos. Entonces la incredulidad de ellos se fue y “se regocijaron viendo al Señor” (Juan 20:20).

“A quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días” (Hechos 1:3).