Desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena.Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo:”Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es:Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?
Mateo 27:45-46.


¿Por qué me has desamparado? (4) – el Devocional Diario


Sólo podemos abordar con un profundo respeto esta cuarta frase que pronunció Jesús crucificado. Tiene una importancia capital e insondable para nuestro corazón. Desde el mediodía reinó la noche “sobre toda la tierra”. Densas tinieblas cubrieron el país. Ya no había burlas ni injurias, los hombres fueron puestos a un lado. Dios sustrajo a su Hijo de las miradas humanas. Lo que ocurría en ese momento no podía ser visto ni comprendido por una criatura.

Nadie podrá jamás penetrar completamente en la angustia de Jesús durante esas tres horas de oscuridad. Nuestro Salvador permaneció en una soledad total, desamparado por Dios, porque expiaba los pecados de todos aquellos que creerían en él. Él, el Hijo amado del Padre, en ese momento fue privado de la presencia de su Dios. ¿Por qué? Porque por amor se había identificado con nosotros, pecadores.

Cargó con la maldición que merecíamos a causa de nuestros pecados. Recordemos siempre el sufrimiento de Jesús en la cruz. Sin las horas de expiación, nadie habría podido ser salvo. El castigo de nuestras faltas siempre estaría ante nosotros. En esas horas de desamparo, la santidad de Dios brilló con un esplendor insostenible: Dios condenó a su propio Hijo. Lo hizo por amor, para salvarnos a nosotros que no lo amábamos. ¡Qué eterno tema de adoración para nosotros los creyentes!