Texto Bíblico base: Hechos 6.2

Cualquiera de nosotros que hemos estado un tiempo en el ministerio sabemos exactamente de qué está hablando este pasaje. ¿Cuántas veces nos hemos visto obligados a repartir nuestro esfuerzo entre varios proyectos a la misma vez, porque la demanda del trabajo era mayor que la mano de obra disponible? Esta realidad es una constante dentro de la congregación local y requiere del pastor muchos talentos y que se ocupe de una diversidad de actividades.

 

Los apóstoles se encontraron rápidamente envueltos en una situación similar. Las necesidades de un creciente número de personas que recibían alimentos habían llevado a los apóstoles a estar cada vez más enredados en el tema de la distribución de la comida. El trabajo debía ser organizado, las dificultades debían ser superadas y los nuevos desafíos necesitaban ser encausados. Los apóstoles no daban a basto con la incesante lista de cosas para hacer.

 

En medio de todo esto, sin embargo, pudieron detenerse para evaluar lo que estaba ocurriendo. Envueltos en un proyecto por demás loable y necesario, estaban desatendiendo su verdadero llamado, que era el de dedicarse a la oración y la Palabra. A nuestros oídos mezquinos, el comentario de los apóstoles suena un tanto elitista. Muchas veces he escuchado a personas decir que los apóstoles no deseaban ensuciarse las manos con trabajo que consideraban por debajo de su verdadero lugar dentro de la congregación.

 

Nada podía estar más lejos de la verdad. Los apóstoles no estaban diciendo que servir las mesas era un trabajo poco digno de sus habilidades. Lo que estaban diciendo es que ellos estaban siendo infieles a su llamado por enredarse en cosas a la cual no habían sido llamados. Encontramos en su decisión de buscar diáconos una disciplina admirable. En medio de la vorágine del ministerio no habían perdido la capacidad de mantener el ojo puesto sobre el objetivo principal de su llamado.

 

El hecho es que, si Dios nos ha llamado a hacer cierta tarea, toda otra actividad —por más santa y noble que sea— es una distracción de nuestra verdadera vocación. En el caso de los apóstoles, había muchos que podían servir las mesas. Probablemente lo podían hacer con mayor gracia y eficacia que los apóstoles. Pero la tarea de velar por la congregación y enseñar los principios eternos de la Palabra, no podía ser delegada a otros, porque había sido encomendada a ellos.

 

Encuentro en esta historia la descripción de uno de los problemas que más frecuentemente enfrenta al pastor: La de convertirse en una persona que hace de todo, pero no apunta a nada. El enredarse en las muchas actividades de la congregación puede llevar a la pérdida del sentido de dirección en el ministerio. La mucha actividad no es necesariamente una señal de que el pueblo está avanzando hacia un objetivo concreto. A veces no es más que la evidencia de que están bien perdidos.

 

Para pensar:
¿Sabe usted cuáles son sus dones principalesí ¿En qué ministerio debería estar utilizando estos donesí ¿Cuánto tiempo está invirtiendo en este ministerio? ¿Que pasos prácticos puede tomar para mejorar su rendimiento?

Autor: Christopher Shaw

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