INTRODUCCIÓN:

Vamos a estar hablando sobre la mecánica de cómo preparar un mensaje; sin embargo, no se olvide que, a largo plazo, la vida y carácter del predicador tendrán más impacto que la elocuencia de sus mensaje.  Por eso es vital que cada uno de nosotros mantengamos nuestra relación con Dios, que vayamos confesando y dejando pecado en nuestra vida, que tengamos un tiempo a solas con Dios diariamente, y que pasemos tiempo regularmente en oración.  La homilética no es un sustituto para la piedad personal (1 Timoteo 3:1-7).

La tarea del predicador es servir como puente entre los escritores de los libros de la Biblia y una congregación contemporánea.  Entonces, cada mensaje bueno tendrá dos aspectos:

· Explicar lo que dice la Biblia — por eso, tiene que conocer bien la Biblia y cómo interpretarla, la teología, la historia y costumbres de los tiempos bíblicos, etc.

· Ilustrarlo y aplicarlo a la vida de la congregación — por eso, tiene que conocer bien a los que escuchan sus mensajes.  Tiene que conocer sus problemas, pecados, fuertes, su manera de pensar, su cultura, lo que está pasando en su vida, su manera de expresarse, etc.

 

I.  TIPOS DE MENSAJES:

 

A.  Temáticos: un sermón sobre un tema, con versículos de varios pasajes.

B.  Textuales: un sermón sobre un solo versículo y unos pocos del mismo contexto.

C.  Exegéticos: un sermón sobre un párrafo de la Biblia, en que el argumento o concepto del pasaje se explica.

D.  Dramáticos: presenta el mensaje en forma de un drama.

E.  Biográficos: estudia la vida de algún personaje de la Biblia.

F.  Doctrinales: explica, ilustra, y aplica una doctrina bíblica