reflexiones-cielo-para-vivos

“Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos6:23).

El gato fue atropellado por un carro y la madre de Billy, un niño de cuatro años, se apremió en enterrarlo antes que su hijo descubriese.  Después de algunos días, entretanto, Billy finalmente preguntó sobre el gato.  “Billy, el gato murió”, su madre explicó.  “Pero está todo bien.  Está allá arriba, en el cielo, con Dios”.  El niño, fijando los ojos en la madre, preguntó: “¿Qué  Dios del mundo iría a querer con un gato muerto?”

Sí, que Dios vivo, Todo Poderoso, iría a querer con muertos.  El Señor nos dijo: “Soy la Vida” y en el cielo solo habrá lugar para “vivos”. En Cristo somos vivificados.  En Cristo somos restaurados. En Cristo tenemos la vida abundante y, con Él, gozaremos la vida eterna en el Cielo de gloria.

El pecado nos lleva a muerte.  El odio nos lleva a muerte.  La avaricia nos lleva a muerte.  El egoísmo nos lleva a muerte.

La indiferencia a la salvación nos lleva a muerte.  Todo eso nos lleva a muerte espiritual, pero en Cristo resurgimos de la muerte para una vida abundante y eterna.

¿Qué Dios iría a querer con muertosí Estamos vivos y así estaremos para siempre, mismo después de cerrar los ojos para ese mundo.  El amor necesita estar vivo en nuestros corazones; el sonrisa tiene de estar vivo en nuestros labios; la generosidad debe estar siempre viva en nuestras actitudes; el brillo de la presencia del Señor Jesus no puede si apagar de nuestro testimonio diario. ¡Estamos vivos!  ¡Cristo es vida en nosotros!  ¡En Él viviremos por todo el eternidad!

Con una gratitud viva en nuestras almas, vivamos para alabar y glorificar a Dios.  Sabemos que nuestro Redentor vive.

Vivamos con alegría junto a Él.

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