meditando-en-la-palabra-de-dios

“Oh, cuanto amo yo tu ley. En ella está mi meditación todo el día. Tus mandamientos me hacen más sabio que mis enemigos” Sal 119:97 y 98.

Oh Señor…hoy podría yo amar muchas cosas, pero ninguna de ellas me daría la satisfacción más profunda que amar tu ley.

Tu ley es tu palabra y tu palabra es ley. Ley de amor…Ley de satisfacción y plenitud. Hoy recordaré que la marca de un discípulo es decir: “Que se haga tu voluntad”. Pero la marca de un discípulo maduro esta en decir: Tu voluntad amaré.

Hoy no puedo satisfacerme a mi mismo y llegar al pináculo hasta que no diga como el apóstol Pablo: “Tu voluntad oh Dios amaré, porque ella es buena, agradable y perfecta.

Lo maravilloso de la voluntad de Dios es ver y saber que Dios no está tomando ventaja de mi. La aceptación de la voluntad de Dios descansa en el placer que esto me da. Por ello Jesús podía decir: “Yo me deleito en hacer la voluntad de mi Padre” : Cuando descubro el propósito de la voluntad de Dios y contemplo la hermosura de su plan entonces entenderé que encuentro placer en hacer su voluntad aùn cuando a veces parezca dolorosa o placentera.

Hoy aceptaré la voluntad de Dios y diré, Eso es lo mejor de Dios para mi, no hay un camino mejor.

Como podré entender esa voluntad? A través de su palabra. Su palabra es ley…pero una ley dulce al corazón, porque no es imposición sino dirección-. Dirección que fortalece y anima. Dirección que protege y forma. Me deleitaré en tu ley y todo el día será ella mi meditación.

Hoy quiero tener tiempo para meditar y escalar la montaña de tu conocimiento. De nada me servirá hoy gastar tiempo en otros pensamiento. Los minutos que invierto hoy en meditar en su ley me guiaran y fortalecerán en este día, mañana y los días que siguen.

Si hoy rehuso conocer y caminar en su voluntad estaré caminando en el hombre natural. Si yo hago su voluntad pero me quejo y protesto, estaré andando en el hombre carnal.

Si yo recibo su voluntad y me gozo en ella y me deleito en hacerla..entonces estaré actuando en el hombre espiritual.

“Señor. Cuán grande es tu nombre. Cuàn dulce es tu voluntad. Hoy quiero no simplemente hacer tu voluntad, pero amar tu voluntad.

Ayúdame a conocerla meditando en tu ley. Oh, Dios cuanto amo yo tu ley, cada día es ella mi meditación. Te adoro.

Quiero en esa tu ley descansar y en tu voluntad caminar con gozo y alegría. Deleitándome en ella porque para siempre permanece. Jamas podré encontrar mayor satisfacción si no la que puedo hallar en tu ley. Amen.

Dr. Serafìn Contreras Galeano.