La misma sangre hará expiación de la persona.Levítico 17:11.


Una preocupación importante – el Devocional Hablado


Un judío cuenta que desde su infancia había creído que los judíos tenían la única y verdadera religión. Como en el Antiguo Testamento se habla tanto de la sangre de los sacrificios, se extrañaba de que en los ritos que practicaba, ésta faltara totalmente. Un rabino le dijo: «Dios está enojado con nosotros, y en el único lugar donde los sacrificios podrían ser presentados según Deuteronomio 12, ahora se levanta una mezquita islámica». El hombre entendió lo que se le explicaba; pero, sus pecados y la falta de sangre expiatoria seguían preocupándolo.

Una noche, pasando por las calles de Estambul (Turquía), vio un cartel que indicaba que allí había un lugar de reunión para judíos. La curiosidad le impulsó a entrar. En el momento en que se sentaba oyó que el orador decía: “La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7). Escuchó atentamente cuando el orador explicó que Jesús, el Cordero de Dios, había dado su sangre para el perdón de los pecados. Más tarde este judío contó: –Por fin encontré la sangre expiatoria.

Todos los sacrificios del Antiguo Testamento son símbolos del sacrificio de Jesucristo en la cruz. La sangre de los animales sacrificados no podía borrar un solo pecado a los ojos de Dios; solamente recordaba los pecados y los cubría (Salmo 32:1). Desde hace casi dos mil años las figuras del Antiguo Testamento fueron reemplazadas por la realidad. De una vez por todas la propia sangre de Cristo fue derramada, cumpliendo así la eterna redención. Dios puede perdonar todos nuestros pecados en virtud de esa sangre.

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