El Señor Volverá – Estemos Atentos
“los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo?  Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo” (Hechos 1:11).
El jefe sorprendió a Calvin, sentado delante de su mesa, mirando para afuera, por la ventana.  “¿Por qué Usted no está trabajando, Calvin?” Sin muy pensar, Calvin confesó para su jefe: “Porque yo no lo vi a usted llegando.”
No seamos, como el Calvin de nuestra ilustración, ninguna justificativa para decir: “Yo no sabía que usted estaba veniendo”.  Sabemos que el Señor ha sido elevado al Cielo y sabemos también que Él volverá.  Vendrá a buscar “aquéllos que son Suyos” y necesitamos estar listos para ese día.
El Señor espera que nuestra vida esté siempre brillando, que practiquemos el amor que Él nos enseñó, que de nuestra boca salgan palabras de ánimo, de consuelo, de edificación, de poder y transformación.  ¿Hemos nos aplicado en el cumplimiento de la voluntad de Dios o, como Calvin, estamos mirando para el mundo allá afuera, distraídos y sin preocupación?
¿Qué diremos al Señor cuándo Él vuelva?  Que enterramos ¿nuestros talentosí  Que teníamos cosas más importantes a hacer?  ¿Qué estábamos esperando la vejez para recordar de él?  ¿Qué no sabíamos qué Él vendría tan rápidamente?
Mientras estamos sentados y mirando para la nada, el mundo allá afuera continúa esperando nuestras actitudes, nuestro trabajo, nuestras manos extendidas, nuestro corazón lleno de amor para impartir.  Cada momento que pasamos indiferentes al trabajo que nos ha sido confiado, muchos se pierden y, a veces, para siempre.
¿Lo qué anhelamos oír cuándo el Señor vuelva: vinde, siervo bueno y fiel o os apartéis de mí qué no os conozco?  Si la respuesta es la primera opción, ¡levantemonos inmediatamente antes qué Él venga!

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Maranata El Señor Volverá – Estemos Atentos

“los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo?  Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo” (Hechos 1:11).

El jefe sorprendió a Calvin, sentado delante de su mesa, mirando para afuera, por la ventana.  “¿Por qué Usted no está trabajando, Calvin?” Sin muy pensar, Calvin confesó para su jefe: “Porque yo no lo vi a usted llegando.”

No seamos, como el Calvin de nuestra ilustración, ninguna justificativa para decir: “Yo no sabía que usted estaba veniendo”.  Sabemos que el Señor ha sido elevado al Cielo y sabemos también que Él volverá.  Vendrá a buscar “aquéllos que son Suyos” y necesitamos estar listos para ese día.

El Señor espera que nuestra vida esté siempre brillando, que practiquemos el amor que Él nos enseñó, que de nuestra boca salgan palabras de ánimo, de consuelo, de edificación, de poder y transformación.  ¿Hemos nos aplicado en el cumplimiento de la voluntad de Dios o, como Calvin, estamos mirando para el mundo allá afuera, distraídos y sin preocupación?

¿Qué diremos al Señor cuándo Él vuelva?  Que enterramos ¿nuestros talentosí  Que teníamos cosas más importantes a hacer?  ¿Qué estábamos esperando la vejez para recordar de él?  ¿Qué no sabíamos qué Él vendría tan rápidamente?

Mientras estamos sentados y mirando para la nada, el mundo allá afuera continúa esperando nuestras actitudes, nuestro trabajo, nuestras manos extendidas, nuestro corazón lleno de amor para impartir.  Cada momento que pasamos indiferentes al trabajo que nos ha sido confiado, muchos se pierden y, a veces, para siempre.

¿Lo qué anhelamos oír cuándo el Señor vuelva: vinde, siervo bueno y fiel o os apartéis de mí qué no os conozco?  Si la respuesta es la primera opción, ¡levantemonos inmediatamente antes qué Él venga!

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