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“Mis ojos pondré en los fieles de la tierra, para que estén conmigo; El que ande en el camino de la perfección, éste me servirá” (Salmos 101:6).

Los muros más Fuertes son inútiles si los portones son flacos o si los porteros son negligentes o infieles.  La Grande Muralla de China ha sido penetrada por los enemigos por lo menos tres veces y, en todas, los guardas fueron sobornados.

La iglesia necesita mucho de portones Fortes y porteros fieles.

Somos la iglesia del Señor.  Hemos sido comprados por la sangre de Jesus en el Calvario.  Por Su sacrificio hemos sido perdonados y traídos a la presencia del Padre.  Creemos en Su nombre y, en Cristo, hemos sido hechos hijos de Dios.

Y ¿lo que hemos ofrecido a nuestro Salvador como gratitud por tan grande dádiva?  ¿Cual ha sido nuestro testimonio delante de aquéllos qué aún no lo tienen en el corazón?

¿Hemos ofrecido brecha al enemigo, viviendo de manera negligente y desleal o, en la fuerza del Señor, hemos nos mantenido fieles y constantes, glorificando su nombre en cada una de nuestras actitudesí

Como portones Fortes necesitamos andar en la presencia del Señor con la confianza y la firmeza del Monte Sion.  Las luchas y los problemas no deberán estremecernos.  En todos los momentos sabremos mirar en alto y decir: “Creo en Ti, Señor.  Sé que estás conmigo y que nada podrá impedir mi victoria.  Yo no temeré las tempestades sobre mí porque en la hora que quieras, habrá bonanza”.

Como porteros fieles dejaremos del lado de fuera todo el engaño del mundo.  No nos dejaremos seducir por las tentaciones ofrecidas por el enemigo.  La mentira no conseguirá entrar, ni la deshonestidad, ni la inmoralidad, ni cualquiera otra cosa que sea extraña e inadecuada a la santidad de nuestro Señor Jesucristo.

Nuestros portones espirituales estarán cerrados para el mal y abertos para todas las bendiciones de nuestro amado Salvador Jesucristo.