“No” — Una Bendición Disfrazada

“y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió. Y pasando junto a Misia, descendieron a Troas. Y se le mostró a Pablo una visión de noche: un varón macedonio estaba en pie, rogándole y diciendo: Pasa a Macedonia y ayúdanos. Cuando vio la visión, en seguida procuramos partir para Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio” (Hechos 16:7-10).

Muchas veces, con certeza, ya oímos, de alguno amigo, la frase: “Espero que usted consiga exactamente lo que quiere”.

¿Será qué ya paramos para reflexionar sobre ella? Estamos, constantemente, anhelando cosas que no necesitamos o que no son buenas para nosotros. “Nuestros ojos son mayores que nuestros estómagos“. El “no” de Dios frecuentemente es una bendición disfrazada y puede llevar a una misión mayor, como el apóstol Pablo descubrió al recibir el llamado del hombre de la Macedonia.

¿Cómo reaccionamos al oír un “no” en nuestras pretensionesí
¿Cerramos el semblante? ¿Murmuramos por más un fracaso?
¿Dejamos translucir nuestro malhumor culpando a todos por nuestra frustración?

Muchas veces ése “no” tiene sabor de victoria. Puede valer mucho más que un “sí”. Él puede ser el primer paso para una grande conquista. Cuando el “no” viene del Señor, debemos sonreír y cantar porque Él tendrá algo mayor y más grandioso para nosotros. Basta apenas que confiemos en él, que sepamos comprender lo que realmente anhela y aguardar las maravillas que seguirán a ése “no” bendito.

El secreto para una vida abundante y feliz es esperar siempre la voluntad de Dios. Si vivimos de esa manera, tanto el “sí” como el “no” tendrán el mismo valor y traerán el mismo regocijo para nuestro corazón.

¿Usted murmura cuando Dios contesta “no” o agradece a Él por mostrarle qué su propósito estaba equivocado?

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