Ni aun me tuve por digno de venir a ti;pero dí la palabra, y mi siervo será sano…
Al oír esto, Jesús se maravilló de él. Lucas 7:7-9.

Bienaventurados los que no vieron, y creyeron.Juan 20:29.

El Devocional Diario – Un hombre admirado por Jesús (Léase Lucas 7:1-10)

¿Quién era ese capitán del ejército romano que provocó la admiración del Señor? Primero, era alguien que temía a Dios, esto se veía en el trato con los demás. Amaba a su siervo, lo que no era muy común en esa época. También era abnegado y muy generoso con los creyentes. Pero no fue esto lo que Jesús admiró.

Pese a todas esas cualidades, ese hombre no se estimaba digno de ir él mismo al encuentro de Jesús, ni aun de recibirle en su casa. No estaba envanecido por su importancia, sino que estimaba mucho la persona de Jesús. Tenía esa humildad que honra a Dios y que confía en su bondad.

Pero esto tampoco fue lo que Jesús admiró. Lo que brillaba en ese hombre era su fe, una fe sorprendente: comprendió que una sola palabra de Jesús bastaba para que su siervo sanara. Como capitán, ocupaba una posición de autoridad. Una orden a sus soldados era suficiente para que le obedeciesen, porque él representaba el poder romano.

Discernió que el Señor estaba investido de una autoridad divina. No era necesario que se desplazara. Con una única palabra podía manifestar el poder de Dios. ¡Qué confianza en el amor y la autoridad de Jesús! ¡Qué fe!

Imitemos lo que hay de admirable en ese hombre. ¡Que nuestra fe esté puesta en el poder del Señor y en su querer de ayudarnos!