alexvaldo_120
Jesucristo murió. No hay duda. Su corazón dejó de latir. Ya no estaba entre los mortales. Su sangre cayó gota a gota, y la tierra la bebió y quedó sanada. Impregnada de una vida que no había conocido hasta entonces. Esa sangre, roja, tibia, llena de amor, fue derramada sin pedir nada a cambio. Solo por el amor de dar.

Los átomos de esa sangre aún están entre nosotros. Se esparció a todos los continentes. Se pegó al polvo de los zapatos de los que lo pisotearon. Viajó en la mancha de esa túnica que vistió. El agua derramada la ayudó a llegar hasta lo más profundo de la tierra y conquistó aún los reinos más ocultos. Aunque esa sangre se evaporara, volvió a caer sobre la tierra en forma de rocío, lluvia, brisa y llanto.

Desde entonces, la puerta se abrió y no se volvió a cerrar. Un eco llama a los caminantes a entrar por ella: “Ven, tengo preparado un lugar para ti también”. Los delicados de corazón y los desesperados se amontonan por entrar. Es estrecha, pero al cruzar el umbral entras a otro mundo. Su mundo.

Las partículas de esa sangre aún están en la atmósfera. Aunque no la veas la estas respirando. Entra en tus pulmones y la exhalas. En cada ida y vuelta, hay un llamado. Una oportunidad para dejarlo entrar. ¿Por qué negarle el acceso al que con tanto amor dio su vida?

Respira profundo. Relájate. Él está contigo. Ya no te abandonará.

Autor : Alex Valdovinos

  • Wao que conmovedor. Respire profundo y senti como entraba en mi vida, es algo tremendo. Gracias Jesus por ese sacrificio

    • Rodolfo , es alucinante ese escrito …no ? je je je .Es un estilo de poesía que no puedo clasificar .Agredezco a mi hermano y amigo Alex Valdovinos por su aporte a la comunidad .