Devocional Diario Cristiano – Dicen que soy un charlatán

Hoy es mi último día aquí, por la noche volaré a Vitória para encontrarme con mi familia brasileira: el pastor Ely y su iglesia, la última etapa de mi gira por Brasil.

Es hermoso despertar en Vale da Bênção. La brisa acompaña las primeras horas del día, y todo te invita a buscar el rostro de Dios. Hoy medité en Ezequiel 19 y 20. Quise leer un capítulo pero me quede pegado con el mensaje.

Ezequiel me presenta una conversación entre Dios y él mismo. Dios le dice: Yo no quiero saber nada de mi pueblo, ¡júzgalos tú…! El profeta le responde: ¡Ay, Dios mío! La gente dice que sólo soy un charlatán. La conversación comienza con una queja divina, y termina con una protesta humana, ¿qué te parece?
Entre ambas expresiones se descubre la raíz del problema: “Jamás sucederá lo que ustedes tienen en mente: Queremos ser como las otras naciones, como los pueblos del mundo… Yo, el señor omnipotente, juro por mí mismo que reinaré sobre ustedes con gran despliegue de fuerza y poder…” Ezequiel 20:32-33
Ese fue el problema hace cientos de años atrás, y este sigue siendo el problema ahora: Los creyentes tenemos en mente ser como las personas exitosas del mundo. Aquí hay bastante para pensar:
Todas las personas tienen deseos de triunfar. Habría que ser loco para desear la derrota, todos queremos ganar; el problema no está en el deseo sino en cómo lograrlo.

Satanás nos ha convencido que la única manera segura de triunfar es su modelo. En la actualidad hay dos modelos para triunfar: puedes hacerlo como la mayoría, o puedes hacerlo como hijo de Dios.

Muchos creemos que triunfar es resultado de saber mezclar los principios de Dios con los principios del mundo. No es que quieras entregarte a todo tipo de vicios, pero muchos piensan que el triunfo vendrá cuando logres colocarte en el punto medio: Con Dios, pero también disfrutando del mundo, ¡eso es imposible!

Los percances de la vida son expresión de la pelea que tenemos con Dios. El pueblo de Israel pasó gran parte de su historia en una terca pelea. Luchar contra Dios es ridículo, pero eso es lo que hacemos cuando insistimos en seguir nuestros criterios.

Si eres hijos de Dios, te será imposible salirte con la tuya. Podrás insistir, salirte del camino, hacerte el dormido, pasártela silbando mientras Él te llama; pero tarde o temprano, tendrás que someter tu voluntad a la voluntad de Dios, ¡Él vencerá!

¡Vaya conversación entre Dios y Ezequiel! El Señor señala claramente que su pueblo debe obedecer, y el profeta claramente le responde que anunciarlo será como hablarle a la pared.

¿Tan tercos somosí Lo que pasa es que no estamos convencidos de estar tan mal, nos consuela y satisface estar “más o menos”. Si tengo que ser sincero, debo que decirte que a Dios le arrebata que estés “más o menos”, Él quiere que estés completamente consagrado.

A todos nos gustaría pasarla bien, pero qué es pasarla bien. A todos nos gustaría triunfar, pero qué es triunfar. A todos nos gustaría disfrutar de una vida plena y fructífera, pero qué es eso.

Ese es el problema. Hemos permitido que Satanás nos diga cómo pasarla bien, cómo triunfar y como alcanzar una vida plena y fructífera. Por escuchar a Satanás, hemos ignorado la dulce y poderoso voz de nuestro Dios: “… mi palabra es vida para quienes obedecen”.

Mi corazón se agita. Impotente, siento temor de no ser comprendido. Me pongo en lugar del profeta, y haciendo mías sus palabras, exclamo: ¡La gente dirá que yo solo hablo por hablar! Hablar por hablar, ese es mi temor.

Temor que cede cuando escucho la voz de mi Padre: “Así como el pastor selecciona sus ovejas, también yo los haré pasar a ustedes bajo mi vara y los seleccionaré para que formen parte de la alianza. Apartaré a los rebeldes, a los que se rebelan contra mí…”

¡Ay, Señor! Que ninguna de tus ovejas de la Iglesia Bíblica de La Molina queden entre las rebeldes. Que todas obedezcan. Que al pasar tu vara por el rebaño, quites el pecado y limpies todo lo que está mal ¡Guíanos por delicados pastos, y cuando Satanás nos amenace, infúndenos valor para obedecer!

El que lee, entienda lo que dice el Señor.

En el amor de Jesús,

Pastor Miguel Bardales