Reflexiones-Cristianas-siete-maravillasDEVOCIONAL DIARIO – LOS 7 AÑOS DE JOAS

“Joás tenía siete años cuando ascendió al trono.” 2 Reyes 11:21

Juampi tiene siete años. Va al colegio a la mañana y por las tardes tiene sus terapias. En el poco tiempo libre que le queda como todos los chicos juega. Juampi juega al predicador. Se sienta en su mesa con su micrófono y su Biblia y predica. Se ha ido perfeccionando y tiene la enorme virtud para imitar a su papá cuando predica. El otro día lo estaba escuchando desde la cocina y es notable lo coherente que es. Para él es un juego, pero demuestra que cosas copia y sabe hacer.

Todos repetimos actitudes o hábitos que adquirimos, sobre todo cuando somos chicos. Ya de grande es más complicado modificar una conducta. Joás había sido el hijo del rey de Judá. Cuando su padre murió, su abuela mandó a asesinar a todos sus nietos. 70 hermanos de Joás fueron asesinados ese día, y Joás siendo apenas un bebe fue rescatado y escondido por el sumo sacerdote en el templo.

Siete años más tarde es ungido rey y renovó espiritualmente a Judá. Actuaba y se conducía en base a los hábitos que había generado desde su nacimiento. Y el sumo sacerdote se había esforzado por inculcarle el temor y el amor a Dios. El joven rey aplicó esos hábitos al momento de ejercer su mandato.

¿Resulta extraño? Es posible, pero cuando vi a mi pequeño gran Juampi sentado en su púlpito improvisado, con su Biblia y su micrófono me sentí como aquel viejo sumo sacerdote que había educado al pequeño Joás. Y nuevamente, mi hijo me enseño esta gran verdad. Somos lo que pensamos. Y actuamos según los hábitos que vamos generando en nuestra vida.

Un hábito es simplemente la repetición de una acción. Eso genera una conducta. Si nos esforzamos en crear hábitos de temor y amor a Dios, nuestra conducta estará alineada con nuestro Padre Celestial. Pero es más fácil generar hábitos que se acomodan a la sociedad en la que estamos viviendo. Y el resultado de esa conducta son acciones que Dios no aprueba y que condena.

¿Qué diferencia hay entre Joás y vosí Tal vez sea un tema de edad. Pero tal vez sea el abismo de madurez y respeto a Dios que un pequeño niño de siete años logró con la frescura de su tierna edad. Algo que los adultos del siglo XXI estamos algo lejos de lograr.

REFLEXIÓN — Siete, ¡que te parece!

Un gran abrazo y bendiciones

Dany