DEVOCIONAL CRISTIANO – LIBERTAD

“Ahora bien, el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.” 2 Corintios 3:17 (NVI)

Si hubo una persona que supo coexistir entre dos culturas totalmente opuestas, con la intención de reconciliarlas; ese fue el apóstol Pablo. Era un judío de ley, de religión fariseo, ortodoxo y cumplidor de los ritos que Moisés les había dejado. Una persona radical y sin grises. A este hombre tan tajante, Dios lo envió a predicarle el evangelio a los gentiles, a aquellos que no eran judíos.

En su afán por explicar la misma verdad a dos pensamientos tan alejados y disímiles, Pablo utiliza este concepto. Dios le dio la Ley a los judíos, pero la Ley terminó siendo un cerco que los aislaba y limitaba. Lejos de darles bienestar, les dio una carga demasiada pesada para llevar. Y se alejaron de Dios. Por eso Dios envió a Jesucristo, quien por su Gracia nos reconcilia nuevamente con el Padre. Y por esa reconciliación nos brinda la libertad del Espíritu para hacer, elegir y vivir.

Durante mucho tiempo, la primera iglesia luchó contra estos pensamientos opuestos. La malsana intención de mantener los requerimientos de la Ley que no se podían cumplir, contra la libertad que Dios ofrece. Finalmente, luego de grandes discusiones, predominó la voluntad de Dios y disfrutaron de la libertad de la Gracia.

Pasaron dos mil años, y hoy nos encontramos en una disyuntiva similar. Se escucha muy seguido la premisa de la prohibición: ¿Qué cosas son las que tu religión prohíbe? No podés bailar, ni fumar, ni divertirte, ni salir a pasear, ni tener una vida normal. Vivís una religión prohibitiva y castrativa. Dios te quitó la libertad.

Lo terrible es que las nuevas generaciones crecen escuchando y creyendo esta mentira del diablo: las prohibiciones de Dios. Y se generan muchas discusiones tratando de imponer una manera de pensar. Los más conservadores optan por condicionar la conducta con reglamentos de vida. Los más jóvenes exigen más liberalidad. Y todos nos olvidamos del principio eterno de Dios. Él te da libertad.

Si tenés el Espíritu de Dios, y permitís que Él te guie, vas a tener la completa libertad de hacer siempre lo que quieras, porque Dios te va a guiar a actuar de una forma cristiana. No uses tu libertad para pecar, ni la encierres en reglamentos de hombre. Viví responsable.

REFLEXIÓN — Viví la libertad del Espíritu de Dios.

Un gran abrazo y bendiciones

Dany

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