LA BIBLIA Y LOS CELESTIALES

“Cual el terrenal, también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales” ( 1 Corintios 15: 48 )

Estamos acostumbrados desde que nacemos, a identificarnos con la naturaleza terrestre, y se nos llama a los habitantes del planeta tierra, ” los terrícolas”, aprendemos a vivir como tales, y rápidamente nos dejamos moldear por el ambiente terrenal.

Aprendemos a hablar, a degustar los diversos platillos de alimentos, a participar en las costumbres y tradiciones de nuestros pueblos; comenzamos a estudiar, a buscar sobresalir y a adquirir diversos bienes.

Cuando llegamos a Cristo, venimos con un molde, y resulta difícil salir de el, porque pensamos que nuestra vida esta limitada a lo que podemos ver, tocar y a adquirir por medio de nuestras posiblidades y fuerzas.

Pero ¿de quienes habla este versículo?

¿quienes son esos seres misteriosos y privilegiados que la Palabra llama ” Los celestiales” ?

¿seran los ángeles, o espíritus que rodean el trono de Diosí

En ninguna manera. “los celestiales” que se mencionan en ese versículo, somos todos los que hemos recibido a Cristo en nuestros corazones, y poseemos todas las bendiciones espirituales, en los lugares celestiales, en Cristo Jesús ( Efesios 1:3 ).

Esto nos lleva a una posición, en la cual, todas las cosas terrenales, ya no son obstinaciones en nuestros corazones y cesan de ser los objetos perseguidos para nuestro propio deleite. Pasamos a formar parte del Reino de los Cielos, aunque tenemos la misma apariencia de los hombres que nos rodean, nuestro ser interior es totalmente diferente por sus motivos, sus afectos y su centro de interés, buscamos las cosas de Dios, leemos la Biblia, oramos, asistimos a la Iglesia, evangelizamos, recibimos los frutos del Espíritu Santo, nuestro carácter cambia, la fe se ve incrementada y nos identificamos con los otros hermanos que también forman parte de “los celestiales“.

Debemos vivir como “los celestiales“, en obediencia, santidad, disciplina y constancia, lo cual, sera el mejor emblema de nuestra nueva naturaleza espiritual.

Oración:

Padre amado, tu que conoces nuestros corazones, en este día, venimos ante tu Santa presencia, a pedir que nos ayudes a proseguir en el camino que nos identifica con tu naturaleza celestial, a romper toda cadena terrenal en nuestras vidas que no te glorifique, y a crecer cada día, en la gracia y el conocimiento de nuestro amado Señor Jesucristo.

Amen y Amen.

Autor: José Luis Gonzalez

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