¿Cómo debo dar y recibir el perdón según la palabra de Dios?

“SED BONDADOSOS. MISERICORDIOSOS, PERDONÁNDOOS UNOS A OTROS.” (Efesios 4:32)

Escribe un consejero: “Todos hemos sido heridos alguna vez. ¿Por quién? Por las personas que amamos y que nos aman.

Cuando nos sentimos rechazados, abandonados, abusados, manipulados o agraviados, por lo general el ofensor ha sido alguien cercano a nosotros:

nuestros padres, nuestros amigos, nuestro cónyuge, nuestros hijos, nuestros profesores o nuestros pastores. Por eso es tan difícil perdonar, porque nos sentimos profundamente dolidos, y nos quejamos:

‘Esperaba que estuvieras ahí para apoyarme, pero me has fallado. ¿Cómo voy a poder perdonarte?’

Aunque el perdón parezca imposible, el Dios que mora en nosotros nos dará la gracia para sobreponernos a nuestra herida y decir: ‘En el nombre de Jesús, te perdono.’

Recuerda, sin embargo, que hay dos facetas del perdón: darlo y recibirlo. Aunque a primera vista cueste más darlo, muchas veces no somos capaces de perdonar porque no lo hemos recibido nosotros.

Sólo cuando hayamos gustado el gozo del perdón podremos hallar en nosotros esa motivación interna para brindarlo a los demás.

¿Por qué es tan difícil recibir el perdón?

Porque cuesta reconocer que sin tu perdón, sigo afectado por lo que ocurrió entre nosotros. Necesito que me ayudes a liberarme para volverme a sentir restaurado.

Eso requiere no sólo la confesión de que hemos sido ofendidos, sino también la humildad de reconocer nuestra dependencia del ofensor. Y sin embargo, no podremos extender perdón a otros a menos que lo hayamos recibido nosotros mismos.” Por eso dice la Biblia:

“Quítense de vosotros toda amargura. sed bondadosos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efesios 4:31-32).