El Rey David salio de su profunda aflicción, al recordar que Dios perdona

Después de haber llorado y clamado al Señor, David terminó testificando, «Pero en ti hay perdón, para que seas reverenciado» (Salmo 130:4). El Espíritu Santo comenzó a saturar su alma con recuerdos de las misericordias de Dios, y David súbitamente hizo memoria de todo lo que él había aprendido acerca de la naturaleza misericordiosa, perdonadora de Dios. «Pero tú eres Dios perdonador, clemente y piadoso, tardo para la ira y grande en misericordia» (Nehemías 9:17).

Pronto, David estaba con regocijo, recordando, «Porque tú Señor, eres bueno y perdonador, y grande en misericordia para con todos los que te invocan» (Salmo 86:5). «Él es quien perdona todas tus maldades…» (103:3). Aquí está una de las promesas fundamentales del Nuevo Pacto: Jeremías declara, «Porque perdonaré la maldad de ellos y no me acordaré más de su pecado» (Jeremías 31:34). Y Pablo añade en el Nuevo Testamento, «…perdonándoos todos los pecados» (Colosenses 2:13). ¡Dios nos ha prometido su perdón, por cada pecado!

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