Reflexiones Cristianas – Impartiendo Amor

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).

Un hombre pasaba por un grupo de niños y notó que todos estaban llorando ruidosamente. se aproximó a un pequeño niño y preguntó: “¿qué pasó? ¿Por qué todos ustedes están llorando?” Entre lloros el niño contestó: “Todos tenemos un dolor en el estómago de Billy”. Esto es verdadero amor por aquél que está sufriendo.

Cuando entendemos la voluntad de Dios y el motivo por el cual nos llamó para Su obra, el “vive Cristo en mí” no es apenas un versículo escrito en una Epístola de Pablo, pero una realidad en nuestra vida espiritual y una forma de glorificar el nombre de Jesus.

Al recibir a Cristo en el corazón, Él Pasa a vivir en nosotros y pasamos a componer su cuerpo. Comprendemos que necesitamos vivir en armonía y que esa armonía será fundamental para la salud espiritual de todos. Al vivir en comunión unos con los otros, todos seremos felices y las bendiciones de Dios serán abundantes en nuestras vidas.

El hijo de Dios anhela disfrutar el amor del Señor. Anhela, también, que todos disfruten este mismo amor. El hijo de Dios encontró, en Cristo, la salvación de su alma. Anhela, al mismo tiempo, que todos sean, también, salvos por el Señor. El hijo de Dios descubrió, al encontrarse con Jesus,que “todo es posible al que cree”. Su voluntad, a partir
de allí, es que nadie esté desanimado y triste, así si no hubiese solución para sus problemas. Su mayor alegría es proclamar, con grande determinación, que el Señor de los señores calma tempestades, cura enfermedades, suple necesidades financieras, transforma los derrotados y tristes en personas victoriosas y completamente felices.

Si sus amigos están sonreiendo,  abracelos y sonría con ellos. Se están tristes, abracelos y sufra con ellos. Jesus llenó su corazón de amor… compartalo  con todos.